Ironías del destino
Apenas tenía catorce años aquel 23 de febrero de 1981 que pasó a la historia como el 23-F. Recuerdo que en casa se vivió con angustia, pues mi hermano mayor estaba en haciendo el servicio militar, creo que nunca he rezado tanto como esa noche, porque aunque mi corta vida había transcurrido casi toda en democracia, en mi casa me habían contando lo que era vivir bajo una dictadura. Cuarenta y cinco años después, el mismo día que se hacen públicos los documentos, fallece el principal protagonista, Antonio Tejero, ironías del destino que demuestran que la realidad supera la ficción. Parece ser que estos documentos no aportan gran cosa a lo que ya conocemos, se dice que las conversaciones importantes no quedaron registradas, pero sí que indican que no se realizó una investigación profunda de los hechos ni pagaron con cárcel todos los implicados. Tejero nunca se arrepintió de lo que hizo y se declaró franquista hasta el final. Y puedo comprender que lo fuera, probablemente el régimen lo trató bien, como a otros muchos. En cambio, me cuesta más aceptar que haya jóvenes que reivindiquen la figura de Franco. Nos hace falta mucha pedagogía y menos polarización, pues hay términos, como el de dictadura, que se utilizan demasiado a la ligera.