Historias del Real Jaén
Aquel domingo de septiembre de 1967 amaneció en Jaén soleado y hermoso. Comenzaba la Liga. El Real Jaén en Segunda División. Y un Seat 600 color verde claro con un altavoz recorría las calles de la ciudad, anunciando el partido entre el Real Jaén y el Constancia, a las cinco de la tarde, en La Victoria, y terminaba diciendo: “¡Al fútbol, al fútbol!”. La ciudad se impregnaba de ambiente futbolero. Creo que ya lo he contado aquí. Mi padre me mandó a comprar el Diario JAÉN a un quisco que había junto al cine Rosales en la calle Martínez Molina. Y antes de que él cogiera el diario, yo me hice con él y me senté en un sillón, muy solemne, y leí lentamente la crónica del inolvidable Vica, la previa del partido, con la advertencia de las dificultades que esa temporada hallaría el Real Jaén para mantener la categoría, porque descendían a Tercera muchos equipos para reducir la Segunda de dos grupos (norte y sur) a solo uno. Mi primer partido como socio infantil del Real Jaén. Y la alineación más frecuente de cuando entonces: Cleiser; Cortizo, Carreño, Díaz; Ojeda, Reina; Márquez, Haro, Ginesín, Conesa y Rodri. “Al fútbol, al fútbol”. Cuando terminó la temporada, mayo de 1968, la noche en la que Massiel ganó Eurovisión, mi familia se trasladó a vivir a Madrid. Pero yo he seguido siempre al Real Jaén desde la prensa y la radio. Y he terminado identificándolo con los periodistas que informaban del equipo. Porque ellos son también el Real Jaén. Vica, claro. Y Juan José Molina, Ángel del Arco, Fernando Arévalo, el gran Indalecio Morales (aunque se dedicó sobre todo a los informativos) y, naturalmente, Gilberto Moreno. Y entre los nuevos: Eduardo Siles. Edu creció desde los cinco años en el palco de prensa del Colombino, apadrinado por los veteranos informadores onubenses que cubrían al Recre. Juan José Molina se sentaba a veces entre el público de Tribuna de La Victoria, y yo permanecía muy atento a los movimientos del maestro, a las notas que tomaba en una libretilla (¿la habría comprado en la papelería Puche?) que sacaba y metía en el bolsillo del abrigo. Algún año después, un día de julio, lo escuché admirado hablar por la radio durante una hora ininterrumpidamente de una etapa del Tour de Francia que se disputaban Merck, Ocaña y Fuente, cuando la televisión sólo emitía resúmenes de algún minuto de duración.
Yo he visto jugar pocas veces al Real Jaén (en relación a lo que me habría gustado), porque desde niño no vivo allí, pero he cantado sus goles al escucharlos a través de la radio, por lo que me parecían golazos, y he acudido cuando he podido a La Victoria (ahora, ya jubilado, más). Pero en aquel remoto partido frente al Constancia, que el Jaén ganó (2-0), me fijé un propósito que dudo que ver cumplido: vivir al Real Jaén en Primera División. El tiempo pasa, y he visto a los futbolistas jiennenses llorar demasiadas veces sobre el césped por ascensos frustrados o por descensos dolorosos. Pero esta temporada sigo al Real Jaén con un optimismo desconocido. El equipo viene de un ascenso. Y me identifico con Manuel Herrero, el entrenador, y esa seriedad sobria con la que afronta el fútbol sin dejar entrever nunca su perfil de sabio. Fue un enorme error que se prescindiera de él tras el descenso de última hora en 2013. Escribo en domingo. Y hoy juegan Adri Paz, Agus Alonso, Rabanillo, Caballero o Ñito. Los descendientes de la furia y el tesón de Arregui. Es domingo, luce el sol, y dentro de mí suena: “Al fútbol, al fútbol”.