Feminismo es pacifismo

11 mar 2026 / 08:24 H.
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Un año más las conmemoraciones del 8 de marzo han vuelto a celebrarse en un contexto de guerras, donde más que nunca conviene recordar los orígenes pacifistas del movimiento feminista internacional. Desde sus orígenes ilustrados, el feminismo desarrolló una crítica a la tiranía y el militarismo, y desde finales del siglo XIX cristalizó una poderosa corriente feminista pacifista que vinculó igualdad, desarme, arbitraje internacional, justicia social y participación política de las mujeres. Tanto durante la Primera y Segunda Guerra Mundial, hubo figuras relevantes y organizaciones feministas que lucharon contra las injusticias y las regresiones en términos de derechos humanos que conllevan siempre las guerras. Bertha von Suttner fue una de las grandes figuras del pacifismo internacional y primera mujer en recibir el Premio Nobel de la Paz, en 1905. Jane Addams aportó mucho a la Europa que hoy disfrutamos con sus reflexiones sobre feminismo, reforma social y construcción de paz. Presidió el Congreso Internacional de Mujeres de La Haya de 1915, fue dirigente del Women’s Peace Party y después de la Women’s International League for Peace and Freedom (Wilpf). Recibió el Nobel de la Paz en 1931. Una vez más el feminismo debe de ser un motor social que pare las barbaries, los genocidios y el caos que reina en estos momentos la geopolítica. En las manifestaciones de esta semana estamos viendo además, a miles de mujeres mayores, que con su sabiduría y experiencia son un fiel reflejo de las guerras que no deberíamos permitir lidiar. La mejor guerra es la que dedica sus esfuerzos a construir sociedades pacíficas, justas e igualitarias. Suena casi a sarcasmo que un líder como Trump que es un peligro para el orden mundial aluda la igualdad de las mujeres iraníes como una de las causas de su ataque contra Irán. Efectivamente, las mujeres de aquel país como las que viven en gran parte de los países de la región están sometidas a la peor cara patriarcal y religiosa de sus líderes. Pero no serán sin duda estos misiles quienes las ayuden a cambiar esta realidad. En este ocho de marzo, además de reivindicar la paz como principio básico de convivencia en el mundo, me gustaría recordar a esas mujeres mayores que cada año toman las calles para seguir reivindicando sus derechos y con ellos los de sus nietas. Nunca ha estado tan amenazadas las conquistas conseguidas en el siglo XX y por eso conviene más que nunca afianzar pilares básicos. Las mujeres mayores siguen sosteniendo hogares, criaron generaciones, cuidaron y cuidan sin descanso, trabajaron dentro y fuera de casa y abrieron camino a muchas de las conquistas que hoy damos por sentadas. Sin embargo, son las principales olvidadas. El spot que este año protagoniza Angela Molina en la campaña institucional del Ministerio de Igualdad recuerda muy bien, como vuelven a aparecer viejos paradigmas disfrazaos de un relato de futuro que no es más que la persistente idea de hacer regresar a las mujeres a esos espacios tradicionales de subordinación y sometimiento. Dedico un homenaje a mi madre y muchas madres que no sólo envejecen en una sociedad desigual; arrastran desigualdades acumuladas a lo largo de toda una vida. Pensiones más bajas, menor autonomía económica, carreras laborales interrumpidas o no reconocidas, más carga de cuidados no remunerados y mayor riesgo de pobreza, soledad, discriminación y violencia. Reducir a las mujeres mayores a un catálogo de problemas sería volver a cometer otra injusticia. Porque además de haber soportado discriminaciones históricas, han sido y son una fuerza decisiva para sostener la vida. En ellas hay legado, pero también presente; hay memoria, pero también liderazgo.


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