Estanflación
La guerra de Irán está sometiendo a grandes tensiones a la economía mundial, particularmente por la temida escasez de combustibles y de suministros industriales como consecuencia del cierre del estrecho de Ormuz. Si tomamos como termómetros de la situación económica los índices bursátiles y las cotizaciones del barril de petróleo, nos encontramos con una auténtica “montaña rusa” en la que los precios del crudo suben y las bolsas caen tras cada declaración “trumpista” sobre el recrudecimiento del conflicto; siguiendo la tendencia contraria —abaratamiento del petróleo y repunte de las bolsas— cuando se nos dice que hay progreso en las conversaciones de paz y se vislumbra un cercano fin de las hostilidades. No les quepa duda —yo no la tengo— de que esta volatilidad bursátil y de las cotizaciones de los carburantes está siendo aprovechada por quienes gozan de información privilegiada, seguramente situados en los aledaños del poder imperialista del actual mandatario norteamericano. “La guerra como fuente de beneficios económicos”, algo tan viejo como el mundo.
En este contexto, el FMI advierte de “la amenaza de recesión si la guerra se prolonga y el petróleo se encarece más”, al tiempo que la Comisión Europea asegura que “la UE sufrirá un ‘shock estanflacionario’”. Consecuentemente, ya tenemos otra vez sobre nosotros el “palabro” maldito: estanflación. Es éste un escenario —la convivencia de alta inflación y bajo o nulo crecimiento económico—, que muy raramente se produce en los países desarrollados y que suele aparecer como consecuencia de una fuerte conmoción externa. La primera vez que tuvimos noticias de ella fue en los años 70 del pasado siglo a raíz de la subida de los precios del petróleo por la guerra árabe-israelí del Yom Kipur. Otro conflicto en la misma zona geoestratégica vuelve, 50 años después, a asomar el mundo al escenario estanflacionario.
¿Cómo llegamos a esta situación? La secuencia parte de la incertidumbre —el principal enemigo de la economía— que genera un conflicto bélico de tales dimensiones. Así, si se debilita el consumo y la inversión en este contexto, pero al tiempo suben los costes de la energía, materias primas y productos industriales, la economía terminará estancándose o, al menos, ralentizando su crecimiento, pero tal parón no servirá para suavizar la inflación. Débil crecimiento y alta inflación es de los peores escenarios a los que se puede enfrentar la economía mundial.
El FMI ya ha comenzado a recortar las previsiones de crecimiento para 2026. Así, la Eurozona pasaría del 1,4% de incremento del PIB en 2025 hasta el 1,1 en 2026; España bajaría del 2,8 al 2,1; el Reino Unido del 1,3 al 0,8; China del 5,0 al 4,4%. ¿Cuáles son las economías a las que beneficia la actual situación bélica? Supongo que lo habrán adivinado: USA pasará del 2,1% de 2025 al 2,3 en 2026 y Rusia del 1,0 al 1,1%. “Blanco y en botella”, la guerra como fuente de beneficios económicos. Por su parte, la Comisión Europea prevé que la inflación aumente un punto porcentual si los precios de la energía regresan a los niveles previos a la guerra de Irán a finales de 2026, pero tal estimación se incrementa hasta un 1,5% de inflación adicional, tanto en 2026 como en 2027, si los precios energéticos continúan en los niveles actuales. De hecho, en marzo la inflación de la Eurozona se ha situado en el 2,6%, siete décimas más que en febrero, previéndose llegar al 3,5% en el escenario más adverso.
Desaceleración, estancamiento, recesión —menor o nulo crecimiento e, incluso, evolución negativa— en la marcha de la economía que, junto a la subida de los precios de los alimentos, combustibles, vivienda, ocio y cultura, vestido y calzado, menaje del hogar, medicinas, transporte, comunicaciones, enseñanza, hoteles y restaurantes, etcétera, nos podrían llevar a la estanflación y a una nueva crisis económica, la cuarta de este siglo —Gran Recesión de 2008, covid de 2020, guerra de Ucrania de 2022 y guerra de Irán en 2026—. En suma, que en las guerras ganan unos pocos y perdemos la mayoría, por lo que lo único que nos cabe es clamar para que se ponga fin a la guerra.