En tus calles de ensueño
En tus calles de ensueño donde el arte despliega sus sonidos, sus danzas, sus compases... Allí donde las piedras pregonando la historia han dejado sus huellas. Donde el atardecer se vuelve rosa pintando los tejados y los altivos muros.
Yo lo he visto posarse sobre el río que te baña las orillas y sintiendo el latido de sus tonalidades, descubrir esa mirada tuya que desvela tu noche.
Qué dulce es llegar a ti antes que el sol se ponga, antes que la luz se desmaye como una suave rosa sobre el horizonte.
Qué sorprendente volver a descubrir la angostura de tus siete revueltas, que en la plaza del Pan abre su senda estrecha y sale entre sus curvas, a la calle del Burro. Ayer volví a notar el eco transparente de tu voz silenciosa, volví a verte derrochar ese arte que te hace diferente. Y dejar que se escape de ti ese sentimiento con que te envuelves, como si una negra blonda acariciara tu noche cálida. Y se puedan escuchar esos sonidos que rompen tu silencio.
Ayer volví a tus calles, a evocar mis recuerdos... cuántas veces me dejé sorprender por tus misterios. Y cuántas me enseñaste tu historia, tu música escondida, y esa fuente que apagó su latido. Cuántos versos azules brotaron de mi alma, cuántos horas de ensueño en tus calles soñadas. Ayer volvía a dejar que aromaras de nardos mi mañana. Volví a madrugar contigo y a escuchar tus campanas que pregonan una canción alada.
Los instrumentos volvían hasta la catedral con sus marchas armónicas, abriendo el leve recorrido de la Virgen sedente. La Reina de tu casa y tu provincia, la que pasa despacio entre el aroma suave del incienso. Ayer volví a escuchar esos versos de bronce que tañían tus campanas, desde la antigua altura donde se columpian. Declamaban poemas de alegría, estrofas de esperanza, sus metálicos sones recitaban cánticos de alabanza.
Ayer te vi soñando, emocionada, clara y suave en tus pasos. Te vi en silencio rezar un dulce Ave María, allí en el Pozo Santo, ante la dormición de la Señora que reposa sobre un lecho de flores y bordados. Y me encontré contigo en tus rincones, en tus fuentes, en tus calles y pasos. Volvía a soñar despierta en tu arrullo de nardos, en tus cálidas horas donde late el verano...
Y en tus calles de ensueño... volví a sentir, Sevilla, tu beso enamorado.