El río saca escrituras
Por delante la solidaridad con los afectados de alguna manera, por las riadas generadas con las últimas borrascas de alto impacto, como modernamente denominan a un temporal. Pero cabe recordar que hace ya muchos decenios, se rompió el respeto que durante miles de años los humanos habían comprendido debían tener a los márgenes y cauces de ríos y arroyos. Es lo que se llama zona de policía, constituida por una franja lateral de cien metros de anchura a cada lado, contados a partir de la línea que delimita el cauce, que incluso debería quedar ampliada hasta recoger la zona de flujo preferente, para la avenida de 100 años de periodo de retorno. Pero tanto la histórica inoperancia de la Administración, que un día dejó de vigilar esa zona, como la avaricia de quienes desde lo público han creado zonas de uso urbano o desde lo privado han aprovechado para ampliar sus fincas. Han sido causa-efecto de una realidad de difícil solución jurídica, pero sí con una repercusión a modo de venganza natural, tirando las venas de la tierra de sus intangibles y demoledores títulos de propiedad. Si se observan las fotografías y planos de cualquiera de estas zonas antes de 1.900, tendrán la confirmación. Los hoy damnificados, serían los menos culpables, pero de aquellos barros estos lodos.