El misterioso monasterio de Montesión

    18 abr 2026 / 09:04 H.
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    En las sierras que abrazan Cazorla, oculto entre pinares y brumas persistentes, se alza el antiguo Desierto de Montesión. Lejos de ser una metáfora, fue un enclave real de retiro eremítico fundado por San Julián Ferrer en el siglo XVII y perteneciente a la Orden de los ermitaños de San Antonio y San Pablo. Allí, siguiendo el espíritu de Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, los monjes buscaban a Dios en el aislamiento más extremo. Celdas dispersas, silencio riguroso y una vida reducida a la oración y a la renuncia. He leído lo poco que se conserva. Demasiado poco. Y eso, en historia, nunca es casual. El nombre tampoco lo es. Montesión. No cuesta imaginar que, más allá de la devoción, alguien quiso replicar aquí, en mitad de Jaén, el eco lejano del Monte Sion (Israel). No solo como símbolo, sino como continuidad. Como si ciertos lugares no se fundaran, sino que se prolongaran en otros territorios. ¿Y si no buscaban aislarse del mundo, sino replicar algo concreto? Porque hay silencios que nacen de la fe. Y otros... que nacen de lo que no debe repetirse.

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