El interés general

29 abr 2026 / 08:25 H.
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Las personas desarrollamos capacidades y técnicas para adaptar el medio a nuestros intereses. Creamos herramientas y aprendimos a compartirlas. Ahí estuvo la clave de nuestra evolución. Sobran evidencias. Quizá por eso se niega el valor de la ciencia; porque, más que democratizar sus logros, algunos quieren apropiarse de sus avances en nombre del interés general. ¿Interés general de quién? ¿Qué es realmente? Sabemos que un hecho que no se conoce no ha ocurrido. No hay historia sin relato. La realidad cotidiana, la cultura y la identidad con épica son construcciones sociales. Se valida con el intercambio de puntos de vista, reflexión y contraste de la ciencia, su fin no es imponer dogmas, sino ofrecer explicaciones coherentes. Esta legitima y evita que sesgos particulares se disfracen de verdad común. Su finalidad última es la duda, chispa creativa que nos hizo avanzar. Ante la incertidumbre creamos la idea de verdad. Nos da seguridad y la ilusión de dominar el contexto social donde fabricamos lo que llamamos realidad. Pero la verdad trae otra palabra, ignorancia. Durante siglos fue falta de conocimiento por falta de información. Hoy ocurre lo contrario. Todos creen saber qué es la verdad porque la llevan en el bolsillo. Basta pulsar una tecla para acceder al conocimiento. O peor, seguir a quien nos seduce y nos entrega masticado lo que se cree necesitar. Somos pollitos de una “humanidad regresiva”. Hemos involucionado. Nuestros líderes nos regurgitan conocimiento procesado, efímero y líquido como describió Bauman. No Importa tener la verdad sino no sentirnos ignorantes. Aceptamos el relato sin contraste porque no reconocemos nuestro analfabetismo informacional, igual que un campesino medieval ante la biblioteca de un monasterio. Quien impone un relato elige palabras emocionales para construir su historia y bloquear la reflexión. Zunzunegui lo expresa así: “Además de memoria e imaginación, tenemos emociones y la capacidad de interpretar; eso hace de nosotros falsificadores de todas esas historias”. No es igual ministerio de Defensa que ministerio de la Guerra, la intención queda clara. Se huye de la reflexión porque genera incertidumbre. Buscamos seguridad inmediata, pero la seguridad democrática está en la diversidad del debate. La vida es un hecho colectivo construido con relatos. La evolución aparece cuando se comparte. Ese debe ser el fin de una democracia liberal asentada en el Estado del Bienestar europeo. ¿Cuál es el interés general? Establecer como centro de la vida social y política los derechos humanos. Es estar en contra de políticas edadistas que discriminan a los trabajadores, como ocurre en la UJA. Es admitir que se elimine el término minusválido de la Constitución solo si existe un lobby que defienda a las personas con discapacidad. Faltar a los derechos humanos es asumir como irremediables las listas de espera en sanidad o aceptar que una persona muera sin recibir la prestación a la que tiene derecho. Es negárselos a quienes cuidan de nuestras personas mayores, cultivan nuestros pimientos o construyen viviendas para que especulen extranjeros adinerados, interesados en extraer el sol y la historia, como en otros momentos ya nos quitaron el mineral de valor. ¡Creemos la historia en la que queremos vivir y no aquella en la que quieren que vivamos!

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