El hombre tiende a Dios
Hoy, Lunes de Pascua, es el día después del Domingo de Resurrección. Todos lo sabemos. Toca reflexionar y reposar los estímulos de tanta grandeza, tras una inmensa y espectacular Semana Santa. Grandeza y belleza en tronos y pasos, en luces y flores, y en palios bordados con hilos de amores. El mismo amor que pusieron los imagineros al tallar las imágenes que han paseado por nuestras calles, magníficas en su muerte, y su tristeza en la vida y la alegría. ¡Con qué delicadeza ilumina la luz de las velas al Cristo que agoniza! ¡Con qué alegría reciben al Resucitado! Y siempre a su lado su madre, María. ¡Qué mantos, qué perfección en los rostrillos, qué finura y qué belleza! Cuánto esfuerzo dedicado para que disfrutemos de un espectáculo insuperable. No tengo palabras para agradecer a anderos, costaleros y hombres de trono (lo mismo a las mujeres, cuando es el caso) por su impagable sacrificio para que disfrutemos de la Muerte y Resurrección de Jesús, en unos pasos y tronos para los que no hay palabras, tal es su espectacularidad. Y qué decir de sus bandas, sin ellas todo sería distinto. Maravillosas siempre, van levantando con su música los mejores sentimientos. Gracias.