El duro invierno

    21 ene 2026 / 08:28 H.
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    En nuestra anterior columna invitábamos a escribir una carta a los Reyes Magos. Una carta nacida desde los pueblos de Jaén. Quizá entonces se nos escapó un pequeño detalle esencial: el invierno. Porque el invierno rural —el que se vive en los pueblos de nuestra provincia— tiene una personalidad propia. Días gélidos, madrugadas de escarcha, manos curtidas en la campaña de la aceituna. Y, aun así, una espera serena y esperanzada de la primavera, de la Semana Santa que se acerca, del Carnaval que irrumpe entre risas y disfraces. Entre medias, un calendario de tradiciones: San Antón y sus hogueras, San Blas, la Candelaria, el Miércoles de Ceniza. Fiestas que rompen la aparente quietud del invierno y nos invitan a redescubrir los pueblos y el entorno rural en cada época, en cada instante, de una manera diferente y siempre sorprendente. Jaén, la Sierra de Cazorla, Segura y Las Villas, la Loma, El Condado... En todos estos lugares apetece un fin de semana rural de invierno. De esos en los que el frío hace temblar el cuerpo y el fuego reconcilia el alma. De esos en los que el silencio se escucha y el tiempo parece caminar más despacio.

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