Educación, ideología y política

    30 nov 2025 / 08:25 H.
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    La realidad de la vida cotidiana se nos presenta como un “mundo intersubjetivo” que compartimos con otros debido a que el ser humano es un ser social que se construye gracias a los intercambios que se producen mediante las relaciones sociales que mantenemos y que nos permiten adquirir una identidad propia que facilita, por una parte, nuestro autoconocimiento, y, por otra, el conocimiento de los demás. Esta identidad es la fuente de la diversidad humana. Desde esta perspectiva, podemos admitir, en un principio, dos evidencias. Una primera, inmediata a la experiencia, referida al hecho de que la sociedad es una convencionalidad, es decir, un sistema de relaciones de las que participan la mayoría de las personas que la conforman, aun cuando debemos entender, al mismo tiempo, que tal convencionalidad más que una arbitrariedad es una intencionada obra colectiva del hombre, sin planificación, pero orientada en su quehacer por convicciones. Por ello, la convencionalidad del comportamiento humano tiene el valor de la tradición, de las costumbres, de las creencias, en suma, de la cultura. La segunda evidencia, pone de manifiesto que todo ser humano requiere de un aprendizaje, aunque sea mínimo, de los rudimentos socioculturales de su medio para poder valerse por sí mismo y, en la dimensión ciudadana, para poder ser un miembro activo en el desempeño social. Es ahí donde emerge la educación y la legislación educativa invita a transmitir valores a través de la educación formal en todas sus etapas. Antaño muchas personas defendían que la educación era neutral en la certeza de que transmitir valores era adoctrinar, pero en la actualidad la gran mayoría reconoce que tal neutralidad no existe y que se transmiten valores de manera constante bien de manera implícita o explícita. Ciertamente hoy vivimos graves problemáticas relacionadas con la justicia en nuestro país sesgadas por la ideología de cada uno de los grupos que conforman el espectro político. La reciente sentencia del Tribunal Supremo en el caso del fiscal general del Estado tendrá una incidencia directa en el futuro de nuestro sistema judicial y repercutirá en las futuras generaciones, sobre todo en la confianza en nuestro sistema legal y en la credibilidad de las instituciones, poniendo en tela de juicio la labor del que juzga y no el hecho juzgado en sí. ¿Sería factible enseñar a las futuras generaciones que la justicia en su país depende de la ideología de los que juzgan? En un país democrático como el nuestro no parece saludable que se declaren jueces progresistas y jueces conservadores. Esa es una de las opciones para ser elegidos en los altos cargos de los consejos judiciales cuando la verdadera opción debería ser la capacidad, el mérito y la elección por sus pares. Desgraciadamente no ocurre así y asistimos a espectáculos bochornosos de acusación a los tribunales cuando las sentencias no son favorables a una ideología determinada. Nos encontramos en un momento importante para dilucidar en que estadio de desarrollo moral se encuentra nuestra sociedad y para ello es necesario atender al pensamiento que las instituciones tienen acerca de lo que es justo o injusto. La sociedad, por tanto, se convierte en el termómetro que nos permite medir su grado de progreso moral y el cultivo de valores. En este sentido, los conceptos de ideología y educación presentan una estrecha relación, entre otras cuestiones, porque en cualquier discurso educativo subyace siempre un discurso de carácter ideológico y ambos incluyen determinados sistemas de valores que se trasmiten, se mantienen o se cambian por medio de las ideologías y que se reflejan en las políticas educativas. ¿Estamos cambiando nuestro sistema de valores? La manera más verosímil de manifestar aprecio por valores como la justicia es hacerlo en unas instituciones educativas que entienden que la justicia es la base para una buena convivencia. Y lo mismo puede decirse de los restantes valores, que mal pueden enseñarse si existe una clara contradicción entre lo que dicen y lo que hacen aquellos que pretenden educar en ellos.

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