De quienes no tienen nada
La borrasca Leonardo nos ha dejado barro en las calles, pero también una lección política. Mientras las persianas de nuestros colegios públicos bajaban por seguridad, se levantaba el velo de una realidad social que a veces preferimos ignorar: en Jaén, cuando el cielo ruge, la vulnerabilidad se empapa primero. Hablar de “educación online” desde un despacho con fibra óptica es sencillo, pero en muchos hogares de nuestra provincia la brecha digital es una zanja insalvable. El mito del teletrabajo es un privilegio de clase inaccesible para quienes sostienen la economía real de nuestros pueblos. Me duele observar quiénes han sostenido el peso de estos días de aulas vacías. La conciliación en nuestra tierra sigue siendo un eufemismo que se conjuga en femenino. Han sido madres y abuelas jiennenses las que, una vez más, han hecho malabares para que el sistema no colapsara, evidenciando que sin escuela pública no hay emancipación posible para la mujer trabajadora. La escuela pública es la mayor herramienta de redistribución de riqueza. Cuando sus puertas se cierran, los últimos de la fila se quedan a la intemperie. Porque la pública no solo enseña a leer: es, sobre todo, el techo de quienes no tienen nada.