De canallas a ciudadanos

    24 abr 2026 / 08:25 H.
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    El fin de semana pasado estuve con un grupo de “no andaluces” que decían por ejemplo: “...nos paró un guardia civil que se notaba que era andaluz por las greñas” o “ ...a pesar de ser andaluza, tenía un novio inglés”. También había un marqués muy amable y educado, salvo cuando hablaba de inmigrantes a los que calificaba con su color de piel. Yo miraba mi brazo moreno, me escuchaba masticar eses y para la sobremesa, fantaseaba con tomar la Bastilla junto a “les canailles”; una etiqueta de la nobleza francesa para deshumanizar a las masas, que provenía del italiano “canaglia” (manada de perros). Con la Revolución, el término dejó de emplearse en documentos oficiales para usar “ciudadano”, igualando al mendigo con el marqués. Por desgracia, no ocurrirá lo mismo con el proceso de regularización en España, pero al menos se intentará integrar en el sistema de derechos y deberes a personas que ya viven y trabajan aquí. Para los irregulares, el paso a la ciudadanía no es solo un papel: dejan de ser perseguibles por el simple hecho de existir, pasando de la economía sumergida a contribuir formalmente a una sociedad que, como dice el Papa, se define por cómo trata a sus miembros más vulnerables.

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