Cuentos chinos alcalaínos XXXI

    04 mar 2026 / 08:35 H.
    Ver comentarios

    Las madres están en lo pequeño, en lo de cada día. En el desayuno que aparece aunque ellas tengan sueño. En la ropa doblada. En el “¿has comido?” que suena simple, pero está lleno de amor. En esa comida caliente, capaz de templar el alma. Su valor no se ve, porque no hace ruido. Está en levantarse antes que nadie, en acostarse las últimas, en preocuparse por todos sin pensar primero en ellas. Ser madre es sostener el cielo cuando amenaza tormenta, con manos gastadas y un corazón inmenso, remiendan miedos y siembran esperanza. Su valor no hace ruido: madruga, permanece a la escucha con paciencia y da consejos que a veces no queremos oír, pero que terminan siendo verdad. Es estar cuando todo va bien y, sobre todo, cuando algo se rompe por dentro. Las madres no buscan aplausos. Les basta con vernos bien. Su entrega está en cada gesto cotidiano, en cada abrazo que calma, en cada mirada que entiende sin palabras. Y hoy quiero hablarle a la mía. Mamá María, gracias por tu esfuerzo diario, por tu cariño constante, por no rendirte nunca. Que este cumpleaños sientas todo el amor que siembras cada día en nosotros y te siga dando fuerza. Feliz cumpleaños, mamá. Te quiero más de lo que a veces sé decir.

    Advertisement
    Articulistas
    set (0 = 0)