Cuando se pierde el alma

    25 abr 2026 / 09:23 H.
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    Cuando una dana arrasa Valencia o un accidente ferroviario deja víctimas en Andalucía, exigimos helicópteros, bomberos y rescates inmediatos. Y hacemos bien. Toda vida merece ser salvada. Pero esa certeza moral se desvanece cuando quienes se hunden en el mar llegan en patera. Entonces aparecen el cálculo político, la indiferencia y hasta la criminalización de quienes auxilian. Europa persigue a quienes rescatan migrantes, como si salvar personas fuera sospechoso. ¿En qué momento hemos aceptado que unas vidas merecen socorro y otras vigilancia? Esa doble vara es una degradación ética. El Mediterráneo se ha convertido en frontera y cementerio, mientras la Europa fortaleza convierte la ayuda humanitaria en delito. No es solo fracaso migratorio: es una quiebra moral. Nos conmueven las catástrofes próximas, pero normalizamos que hombres, mujeres y niños se ahoguen a pocos kilómetros de nuestras costas. Esa insensibilidad selectiva deshumaniza a las víctimas y corrompe a quienes la toleran. Cuando rescatar náufragos puede ser perseguido y dejar morir puede parecer política, estamos cruzando una línea de barbarie. Y quizá ya la hemos cruzado. Europa pierde su alma cuando tolera eso, sí!

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