Costes de la guerra
Qué duda cabe que el mayor coste de cualquier guerra es el que se paga en vidas humanas! Siempre es difícil contabilizar el número de víctimas de todo conflicto bélico, ya que la contaminación interesada de la información es la norma seguida por los distintos contendientes. A pesar de ello, podemos aproximarnos a tan fatídicas estadísticas. Así, según el Ministerio de Salud de Gaza y las propias autoridades israelíes, hasta diciembre de 2025, más de 72.000 personas habían muerto en la guerra de Gaza, siendo civiles más del 80% de los palestinos fallecidos, muchos de ellos mujeres, niños y ancianos. Si nos trasladamos a Ucrania, tras la invasión rusa iniciada el 24 de febrero de 2022, el número de víctimas —muertos, desaparecidos, heridos y prisioneros— se acerca a los dos millones de personas —1,2 serían rusos y unos 600.000 ucranianos—, según estimaciones del Centro de Estudios Estratégicos Internacionales de Washington. El más reciente de los conflictos es el de la guerra de Irán, iniciada el pasado 28 de febrero por Israel y Estados Unidos, con el bombardeo del complejo residencial donde se encontraba la plana mayor del gobierno iraní y en el que murió —junto a otros muchos— el Líder Supremo de Irán y máxima autoridad del país, Alí Jamenei. Dado el carácter regional del conflicto, aquí se cuentan por centenares los fallecidos en Irán, Líbano y en la Región del Golfo (Kuwait, Emiratos Árabes, Arabia Saudita, Bahréin, Qatar, Irak, etcétera), además de los de nacionalidad israelí, USA e, incluso francesa. La barbarie humana sigue haciendo estragos.
Además de la sangría en vidas humanas, las guerras tienen unos grandes costes económicos, tal y como ocurrió con el conflicto de Ucrania y como ya se empieza a constatar con el de Irán. En efecto, recordarán que la invasión rusa provocó una crisis alimentaria mundial, producto del rápido crecimiento del precio de los alimentos y de la escasez de suministros básicos, tales como el trigo, maíz y semillas oleaginosas, así como por el aumento del precio de los combustibles y de los fertilizantes. El mundo tuvo que soportar como consecuencia de este conflicto su enésima crisis energética, con los precios del barril de petróleo por encima de los 100$, cota que hemos vuelto a traspasar este mes de marzo. En definitiva, inflación, desaceleración económica, desempleo, subida de tipos de interés y, como siempre, los países más pobres y las capas más desfavorecidas de la sociedad, los más perjudicados. ¿Qué ocurrirá con la guerra de Irán? ¿Cuáles serán sus costes económicos? Es evidente que todo dependerá del nivel, la extensión y la duración del conflicto.
El primer coste que ya estamos pagando es el de la incertidumbre. Ya saben que en economía la incertidumbre inhibe, paraliza, desestabiliza, retrae. Consecuentemente, menos oferta y, en última instancia, precios más caros, menos crecimiento y mayor desempleo de los recursos. De nuevo entra en riesgo la producción de alimentos, puesto que este conflicto afecta a importantes exportadores de fertilizantes, tales como Omán, Qatar, Arabia y Emiratos Árabes. Asimismo, la guerra está afectando a la cadena global de suministro de medicamentos, ya que en Dubái se encuentra el mayor centro logístico farmacéutico mundial. Como también la producción de metales, sustancias químicas y aparatos eléctricos se puede ver impactada, puesto que el azufre y el aluminio juegan un papel fundamental en la producción industrial y son los países del Golfo los mayores productores. Además, la crisis energética. Es evidente que la guerra tiene costes en vidas humanas, destrucción de hábitats, desaceleración económica, inflación, mayor precio del dinero, menor renta y más pobreza. ¿Hay alguien que gane con la guerra? Sí, no les quepa la menor duda, gana la industria armamentística, la naval y la aeronáutica, que ven multiplicadas sus carteras de pedidos; ganan los países con reservas petrolíferas, que ve subir exponencialmente los precios de su crudo; ganan los especuladores de la bolsa, al gozar de la gran volatilidad de los mercados. En fin, ganan unos pocos y perdemos la mayoría.