Contante y sonante

    22 mar 2026 / 09:02 H.
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    Llevo unos días intentando desconectar de cualquier noticia, imagen o conversación que hable de la guerra. Cuando abro el periódico solo leo las páginas que informan de lo que pasa en mi provincia, en mi ciudad y también las de cultura y deportes. Enciendo la tele y me pongo a zapear hasta darle esquinazo a las películas, a los “todólogos” tertulianos, a los documentales bélicos y a los informativos que cifran en bombazos sus niveles de audiencia. Ahora cuando estoy con el ordenador o el móvil, solo atiendo el correo de los más allegados y evito a toda costa ventanitas inoportunas en la pantalla, o mensajes con cualquier parte de guerra. Hasta aquí, todas estas precauciones para intentar desconectar de la guerra más o menos se llevan bien, pero es a la hora de ir al mercado cuando te das cuenta de que las balas, las bombas y lo que las parió, además de extender la muerte a donde caen, llevan también el eco de sus miserias a todos los lugares del planeta. Son muchas las guerras que vivimos en directo sentados frente al televisor, detrás de una viene otra, todas se solapan y se olvidan. Solo se recuerdan las que además de matar, rasca los bolsillos.

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