Cinismo, caras duras

    19 mar 2026 / 08:30 H.
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    Actuar con desfachatez, es hacer con desvergüenza, con insolencia, es hacer sin afectos. Todas son conductas que responden a la pérdida de los valores de la ética y de la buena educación. ¿Quién no conoce en el presente a personas desbocadas que ignoran las normas de civismo excepto las de su ombligo? Todo el mundo sabe de alguien. Por ejemplo, una figura mediática impuesta, como la del Número 47 que nos tiene el mundo revuelto. O tal vez, un jefe o jefa que desconfía de sus empleados controlándolos en exceso. O un amigo o amiga que nos critica; incluso los más cercanos: los familiares —padres, madres, hermanos, etcétera—. Por desgracia el cinismo que vivía a sus anchas como una filosofía en la antigua Grecia, hoy la hemos instalado en nuestro día a día. A diario, las noticias difunden el impudor, y ellos —los políticos— con sus caras duras, nos abruman con sus estrategias de poder y sus discursos cargados de doble sentido. Cinismo que nos entrena para desconfiar y despreciar los problemas ajenos. No queremos decepcionarnos más. Dicen que no creemos en los medios, en la ciencia, y mucho menos en los políticos. ¿Cómo vamos a reparar la autoestima del importante tejido social con tanto cinismo?

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