Bolaños, Peinado y los Poderes
De no ser lamentable sería un sainete y —en todo caso— síntoma de un mal profundo. El ministro de Justicia, que además lo es de Presidencia y Relaciones con las Cortes —los tres poderes— hace uso de un supuesto derecho a la libertad de expresión para atacar reiteradamente y de forma inmisericorde a un juez en el ejercicio de sus funciones; ¡y no pasa nada! Si fuera al contrario habría que verlo. No me corresponde hacer defensa de la instrucción del juez Peinado porque no la conozco, simplemente la respeto; será objeto de enjuiciamiento y ha sido y volverá a ser objeto de revisión por una sala de apelación y vuelta a enjuiciar en sucesivas instancias, son las garantías del proceso. ¿Valorar la instrucción? A resultas de la sentencia, lo de Begoña no parece “bonito” ni ético —tampoco es el caso— se trata de saber si hay delito o no; entretanto le ampara la presunción de inocencia. Sin sentencias absolutorias no habría justicia, tampoco con culpables absueltos. Ese no es el problema; los poderes deben respetarse. Los jueces que se apliquen en juzgar y los ministros en gobernar —si pueden—, aunque lo más cómodo sea censurar la paja en el ojo del juez, sin ver la viga en el ojo del ministro.