Antonio Cano

    09 oct 2019 / 08:56 H.

    Luchador y perseverante, en su whatsapp aparece escrito: “Amigo de sus amigos”. Una frase que es un verso hernandiano, rimando con otro de Borges en la filosofía hegeliana de la existencia; hecha silogismo entre las huertas y los olivares de Castillo de Locubín. Convirtió la política en cultura, recorriendo la provincia de pueblo en pueblo. En el autobús de la honradez; en el poema de la verdad, la cual, es la de la gente sencilla, porque no hay otra que pueda igualarla en sinceridad. Antonio Cano siempre oyó el reloj del Pósito como un tictac que nos acerca al recuerdo, como si fuera el relato del diario que escribió en la crónica de los días. Haciendo página el latido del tiempo, que encuadernamos en el álbum de un paisaje, que es tan real en la fotografía de los momentos, que fueron de todos y que quisieron robarnos. Antonio es el político que un pueblo sueña como uno de los suyos, antes y después de haber sido concejal, alcalde y diputado: en la antología de las gentes que eternizan la amistad como si fuera un artículo de Larra en la contraportada de un periódico nuevo. Que ni se parece al New York Times, ni al Washington Post, sino a sí mismo. Ayer y hoy de un pueblo, con un castillo en su nombre.