A propósito de Rea Silvia...
En la portada del pasado 12 de febrero de Diario JAÉN, se daba noticia de la incorporación al día a día de nuestro Museo Provincial del cuadro pintado en Roma por Rafael Hidalgo de Caviedes, “Rea Silvia”, y de cuyo largo tratamiento de consolidación informaba cuidadosamente el periodista Francisco J. Marín. Sí, se trata, probablemente, de una de las dos obras mas robustas de cuantas se exponen en esta pinacoteca y, esto es incontestable, la de mayor tamaño. En cuanto a los valores intrínsecos de calidad, dejemos que sean los visitantes los que los determinen. Desde luego, las dos obras que poseen las instituciones culturales provinciales del artista jiennense, son las más importantes del autor: “Contrastes” y “Rea Silvia”. Dos pinturas capitales en el quehacer de este maestro ejemplar cuyo alto grado de bondad destacan sobremanera en su trayectoria. De aquí el tema de esta pieza cuyo asunto, entre cuantos puede ofrecer Roma a la pintura como “Historia”, fuera de una sensibilidad especial, no es, por otra parte, el más adecuado para participar en un certamen como el La Nacional de Bellas Artes de 1900, en la que, sin embargo, obtuvo la Tercera Medalla Nacional. Un mundo rocoso, ciertamente, cuyo transitar humano nos acerca a nuestro hoy, a través de cualquiera de las mujeres que aparecen en las páginas de los diarios y en los titulares de los telediarios, bien que, probablemente bajo la sospecha de otros arcanos en los que hoy no pretendemos entrar.
Rafael Hidalgo de Caviedes y Gutiérrez de Caviedes (Quesada, 1864-Madrid, 1950) pertenece a ese grupo de artistas que hacen puente entre los siglos XIX y XX. “Autorretrato” (Museo de Jaén, 1894) y “Retrato del Obispo Rafael García y García de Castro” (Obispado de Jaén, 1943), testifican dos estados de su pintura dentro del mismo género. En cuanto a “...ganarás el pan con el sudor de tu frente” (115x240 centímetros, Diputación Provincial) de acabado, como el segundo de los anteriores, un tanto magro, testifica una modernidad de diferente veta plástica. Distante en la pincelada untuosa, como aconsejaba a sus alumnos. Se trata de una gestualidad densa y briosa en paralelo con la pintura de la época cercana a la llamada “de Historia”, como incluso decía el gran Francisco Pradilla. Me refiero al aliento italiano de los artistas españoles que acudían a Roma desde el siglo XVIII y que, obediente a la pedagogía “Mengs”, recalaban en la Academia Española, aconsejada por el pintor alemán y sostenida por el monarca Carlos III. Esa esencia, de algún modo se destila en la obra de Rafael Hidalgo de Caviedes, quien fue becario de la Diputación Provincial de Jaén en la capital italiana.
Iniciado en Quesada con Isidro Bello, Rafael pasó por la Escuela de Bellas Artes de Córdoba, debido al traslado de su familia a la vecina capital de provincia. En la ciudad califal, tuvo como profesor a Rafael Romero Barros, padre de Julio Romero de Torres, siendo además, galardonado en una muestra organizada por la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Jaén, un acicate sin duda para su traslado a Madrid para estudiar Bellas Artes. Su brillante expediente, en 1884, le facilita una beca de 1.500 pesetas de la Diputación jiennense para ampliar sus conocimientos en Roma. En la “Ciudad Eterna”, toma contacto con el mundo clásico y conoce a los becados de la afamada Academia Española, y de cuyo clima parte “Vorrei morire cuando tramonta el sole” y “Rea Sylvia”. Dos obras, en especial la segunda, de aliento italiano y gran complejidad. Tela de gran formato, premiada con Medalla de Tercera Clase en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid de 1900, cuya importancia aconsejó su traslado para ser expuesto en el Paraninfo del Instituto de Jaén. Galardón, me refiero al obtenido con esta pieza, conseguido nuevamente en 1891 con “Retrato de Señora”. Alumno de Federico de Madrazo y, en alguna medida protegido por el gran retratista romántico, los años de Roma fueron fructíferos para el jaenés que también encara el XX con ventura. Si en 1893 es designado profesor de dibujo del Instituto de Barcelona, enseguida regresaría a Madrid como subdirector y restaurador del Museo Arqueológico-Nacional; reconocimiento que, lejos de separarlo del medio donde había crecido, lo acercan más a él por su vinculación al Museo, tanto como restaurador y subdirector con la creación del museo jiennense que hoy expone y conserva “Rea Silvia”, una pieza que corresponde a la memoria de la ciudad desde su exposición en el instituto de la calle Compañía; de allí pasó al Museo donde descansó poco tiempo y, nuevamente mediante traslado, a la Real Sociedad Económica de Amigos del País, donde permaneció largos años hasta que nuevamente ha sido devuelto al Museo Provincial. Un lugar donde, durante mis años de aficionado y aprendiz de pintor, nunca abandonados, contemplaba deliciosamente la pieza poética, verdaderamente sutil, en la rama que encierra la magnífica obra.