Preparada la logística sanitaria
En 15 días se operarán cerca de 300 personas en las instalaciones de Obra Social de Pedro
Hace tiempo que no disfrutaba de la sensación de que no me despertara el molesto ruido de la alarma del móvil. Pasan unos minutos de las siete de la mañana, cuando me levanto para prepararme. Pero desde las seis hay bullicio. Se ve que las ganas nos pueden a todos. Las ganas, y la descompensación horaria: en España son ocho horas más. Anoche se nos citó a las ocho y media de la mañana para repartir los equipos y pasar consulta. Para desayunar, los grupos se dividen entre los herméticos veteranos de mediana edad que apenas se preocupan por los nuevos, y los más mayores, que tratan de acoger a los perdidos novatos y guiarlos al principio. Parece ser, que lo que dicen de la endogamia médica está justificado. Como polluelo inexperto, trato de memorizar rápidamente las referencias para saber volver solo en caso de necesidad, mientras contemplo cómo despierta una ciudad: La Antigua.
Antes de seguir, voy a parar un momento a explicar cómo funciona a día de hoy la Obra Social de Pedro. Es una residencia franciscana, que posee algunos quirófanos en su interior, totalmente financiados y equipados por capital estadounidense en su día, a los que equipos norteamericanos (tanto de los EE UU como de Canadá) y españoles vienen a operar. Hay que destacar dos cosas: la primera es que no es sólo el equipo humano es voluntario, si no que, además, cada expedición ha de traer el material médico que vaya a necesitar, y pagarle a la Obra, una cuota, a modo de alquiler, por el uso de los quirófanos. Eso, por parte de la ONG. El paciente, también abona un “donativo”, totalmente tarifado según operación, dificultad o tiempo. Esto en España, se llama privatización, aunque aquí, alegan que sigue siendo más barato que la privada, y que el beneficio que genera, sirve para mantener el resto de residencias que tiene la Obra Social.
Volviendo al ajetreo, es impresionante ver cómo funciona la maquinaria de la llamada obra social. Cuatro ventanillas de recepción, acompañan otras cuatro de admisión y dos de caja. No es para menos, pues en apenas dos semanas se van a operar entre 250 y 300 personas. Los médicos se dividen según especialidad, y van haciendo pasar a los pacientes por sus consultas dándoles fechas para la operaciones. Mientras tanto, los enfermeros, se encargan de “vestir” a los quirófanos, es decir administrar toda la parte logística. Este día es a destajo, hasta que todo el mundo tiene día y hora. Resulta fundamental la organización para manejar tal volumen. Resulta muy curioso para alguien totalmente ajeno al mundo sanitario como yo, ver cómo trabajan. Pero quitando la sorpresa inicial, bolígrafo en la mano, de lo que más se va llenando mi cuaderno, es de las historias de los pacientes. En su mayoría mujeres, la mochila que traen es de tragedia griega: abandonadas por sus maridos, por otras más jóvenes, se han convertido en las cabezas de familia, y sin estudios ningunos, tienen que alimentar a sus tres, cinco u ocho hijos. No usan preservativos para que sus maridos no las tachen de putas. Vienen solas y sólo si su patrón les ha dado permiso para venir. Éste es el perfil mayoritario que he visto durante las consultas. Por supuesto, tienen trabajo, la sanidad, aunque barata, hay que pagarla; las que no tienen nada, están lavando la ropa o esperando a que ‘La Muerte’ pase por unos frijoles. Esto ya sí es Guatemala.
Ha concluido el primer día, y, a pesar de que ha podido ser repetitivo y monótono, no es agotador. Quedamos todos a las ocho y media en el comedor. La cena transcurre animada, pues la ilusión, sigue siendo el vector director de las conversaciones. Se recuerdan anécdotas de años anteriores y se comenta el reparto de los equipos para los quirófanos. Ya en la casa cinco, que parece será el punto de encuentro para las sobremesas de la cena, se despide al equipo que ira a Paztún, la primera semana, con un ron guatemalteco: el Botrán.
Desde Antigua hoy, base de operaciones de la expedición, apago el ordenador.
El viaje en carretera lo hacemos en un microbús cargado con todas las maletas que traemos, atadas al techo. Más bien parecieran furgonetas grandes, que se integran perfectamente en el panorama urbano. El tráfico en torno a Ciudad de Guatemala, es masivo y agobiante. Sin embargo, una vez que abandonamos la capital, la carretera se vuelve ascendente, serpenteando por las montañas, con ritmo constante en las subidas y, frenazos en las bajadas. Aunque el tráfico sigue siendo el mismo, uno se queda maravillado con las vistas que proporciona los valles que van dejando las montañas a su paso. Hay otra cosa que ha llamado mi atención: la cantidad de banderas que adornan desde coches y publicidad, hasta negocios y fachadas. Cuando pregunto, me dicen que el día de la independencia española, es en breves: el 15 de septiembre, la fiesta patria. Es un acontecimiento muy esperado en el que bandas al estilo universitario de los Estados Unidos, recorren las calles de todos los rincones del país vestidos con los trajes y peinados autóctonos. Habrá que estar pendiente.