Medio siglo haciendo sonar el fastuoso órgano de la Catedral

Alfonso Medina, de 88 años, mantiene viva la tradición musical desde 1975

12 mar 2026 / 06:00 H.
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Sus manos no engañan: flexibles, nudillos firmes, puntas de los dedos curvadas y uñas cortas. Unas manos de pianista que muchos profesionales del arte de la música sacra hubieran querido tener para tocar durante medio siglo el fastuoso órgano de la Catedral de Jaén. Él es Alfonso Medina (Sabiote, 1937), un sacerdote que ha logrado la proeza de cumplir cincuenta años como organista de la seo capitalina tras ingresar en el año 1975. Sucedió a dos organistas anteriores, los hermanos Damián Martínez y Guillermo Álamo, este último era el titular. Tras el fallecimiento de Damián en 1977 y Guillermo en 1984, Alfonso quedó como el único organista, rol que ha mantenido desde entonces hasta hoy, a pesar de la tradición de tener siempre dos organistas.

“Yo seguiré tocando mientras Dios me dé salud y mientras no me echen”

Cumplió 88 años en mayo del año pasado y se siente en plenas facultades físicas y mentales, una bendición que atribuye a Dios y a una vida ordenada. Toca el órgano en la Catedral los sábados y domingos para la misa conventual de las 9:00 horas. Cada tarde, después de la misa de las 19:00 horas, toca el órgano en la Cripta de la Iglesia del Sagrario de la seo hasta las 21:00 horas. Recalca que lo hace para ayudar a la gente a la oración, crear un clima espiritual y, personalmente, para mantener la práctica y no oxidarse. “Reconozco una disminución en la agilidad física propia de mi edad, aunque no me siento torpe”, subraya Alfonso Medina en conversación con Diario JAÉN en la Sala Capitular de la Catedral. No es la primera vez que conversa con el periódico provincial y, colmado de humildad, como en otras ocasiones, asegura que no me merece este reportaje. Pero pocas personas, por no decir ninguna, tienen una trayectoria profesional tan importante como la suya. “Yo seguiré tocando mientras Dios me dé salud y mientras no me echen. Creo que es algo improbable dada la falta de sustitutos voluntarios”, bromea el sacerdote. Continúa en su puesto por devoción y amor a la música y al servicio eclesial, más allá de la jubilación oficial que alcanzó a los 75 años. Un hecho que lo constata es la compensación económica, que es mínima y simbólica, lo que subraya que su labor es puramente vocacional. “Si alguien no falta los domingos en la Catedral, es el organista. Los sacerdotes hacen turnos para oficiar las misas. Pero el organista, no”, enfatiza.

Medio siglo haciendo sonar el fastuoso órgano de la Catedral

Alfonso Medina remarca que un verdadero organista de iglesia debe conocer y responder a la liturgia, incluyendo el canto gregoriano y la entonación para el sacerdote. El organista observa un posible resurgimiento del canto gregoriano y el latín en la Iglesia católica. “El Papa Francisco cantó el “Regina Caeli” en lugar de rezarlo. Tenemos que hacer valer la importancia del latín como lengua oficial de la Iglesia, su valor artístico y su capacidad para generar unidad entre los fieles de diferentes culturas”, subraya durante la conversación. En este contexto, el sacerdote lamenta la falta de conocimiento del latín entre las nuevas generaciones de párrocos y lo atribuye a un mayor enfoque a las ciencias en lugar de las humanidades.

“Bach es inalcanzable. Es la máxima figura. Su obra estará presente para la eternidad”

Alfonso Medina toca diariamente una música sofisticada para que los fieles se sientan en un ambiente idóneo para realizar sus oraciones. Esto es fruto de lo que ha bebido musicalmente a lo largo de su vida, considerando a Johann Sebastian Bach como el “Himalaya” de la música clásica de órgano. “Bach es inalcanzable. Es la máxima figura. La Misa en si menor de Bach y la Misa en re mayor —Missa Solemnis— de Beethoven son las misas más importantes jamás escritas”, resalta Alfonso Medina, esbozando una sonrisa de oreja a oreja. “Bach dedicó la mayor parte de su obra a la música sacra y su música estará presente para la eternidad”, agrega el sacerdote, aunque también reconoce que siente predilección por otros músicos y compositores del siglo XX, como el francés Olivier Messiaen, por quien también tiene una debilidad especial. “Hay mucha gente que ignora quién es el organista de la Catedral, pero quienes desconocen mi faceta como organista tampoco tienen por qué saberlo. Los organistas normalmente no llegan a tanto tiempo, creo que en casi ninguna actividad profesional. Mi carrera supone una acción de gracias a Dios”, destaca el sacerdote.

Medio siglo haciendo sonar el fastuoso órgano de la Catedral

El organista jiennense se ordenó como sacerdote en 1961 y toda su vida la ha desarrollado en la capital. Fue por aquella época, recién ordenado, cuando despertó su interés por estudiar música, haciendo de una afición una auténtica vocación. Inició sus estudios de piano en Jaén completando los cinco cursos y, al poco tiempo, acrecentó sus conocimientos de piano en el Conservatorio Superior de Córdoba, donde consiguió obtener la titulación. “Cuando a uno le entusiasma algo, saca tiempo de donde sea. Recuerdo desplazarme a Córdoba ataviado con la sotana para asistir a clase”, rememora el sacerdote, quien, tras completar los estudios de piano, una vez conseguida la plaza de organista en la Catedral de Jaén, comenzó los estudios de órgano en Madrid, yendo cada quince días durante seis años a la Escuela Superior de Música Sagrada. “Iba y venía en tren en el mismo día. Eran auténticos palizones, comía y cenaba en los trayectos de ida y vuelta. Pero mereció la pena”, recuerda entusiasmado. “Cuando me concedieron la plaza, me alegré muchísimo. Aunque en ese momento no tenía el protagonismo que tengo ahora, tenía expectativas de prosperar en el cargo. Y aquí sigo, disfrutando cada día del clima de solemnidad y de espiritualidad que emana el órgano con sus sonidos tan profundos y tan graves, que consiguen llenar el espacio de la Catedral”, añade. Además de organista, Alfonso Medina ejerció como sacerdote durante quince años en la iglesia de San Eufrasio y también fue profesor de música en el instituto Jabalcuz de la capital, entre otros centros educativos.

“Disfruto cada día del clima de solemnidad y de espiritualidad que emana el instrumento”

El sacerdote explica que el órgano catedralicio ha pasado por dos reformas importantes durante su estancia. La primera, en 1984, supuso que el sistema pasara de neumático a eléctrico, y la consola —el teclado— se trasladara desde arriba del coro hacia abajo. “Esto permitió eliminar el retraso en el sonido que existía con el sistema neumático y mejorar la coordinación con el coro”, manifiesta. La segunda reforma, una más moderna que está en curso, busca implementar un nuevo dispositivo que haga desaparecer los hilos de conexión a los “relés”, con un sistema aún más avanzado. Pero está reforma no se ha llegado a completar.


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