Jiennenses del año 2025 CULTURA: Belin, de la calle a los museos

El artista linarense, cada vez más internacional, se abre al mundo con la personalidad de una obra propia que da vida a las paredes más prestigiosas

19 abr 2026 / 19:29 H.
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Sorolla, Velázquez y, en medio, Belin. No es un sueño. Quizás lo fue. Hoy es una realidad. Colnaghi, una de las galerías de arte más antiguas y prestigiosas del mundo, prepara un interesante proyecto que lucirá una pintura de Miguel Ángel Belinchón Bujes (Jaén, 1979) encuadrada en un marco del siglo XVIII. Es la máxima expresión de la trayectoria de un linarense que dio un salto de vértigo de los muros de la calle a los lienzos con la destreza de un artista que luce una personalidad arrolladora. Sus obras no dejan espacio para la duda. Su firma está impresa en cada trazo. El embajador de Linares, de Jaén, de Andalucía y de España en todo el mundo recibirá, el próximo 29 de mayo, el Premio Jiennense del Año en el apartado de Cultura.

Difícil resulta condensar el recorrido vital de un genio del arte que camina a un ritmo acelerado de crecimiento con la única meta de disfrutar del oficio. Nació en Jaén, porque así lo quiso el destino, pero se crio y creció en la Ciudad de las Minas, donde Arrayanes es testigo de la explosión de un precursor del arte urbano convertido hoy en pintor, escultor y aspirante a liderar la disciplina que se le ponga por delante.

La calle fue el origen de un estilo de vida que nació en Linares y, hoy en día, recorre todo el mundo

Belin, como es conocido artísticamente, se hizo internacional desde Linares y, aunque presume de origen y de provincia, asienta sus tentáculos en Madrid en este momento preciso de su vida para estar en el cogollo de la cultura. Son ciclos, como los que tiene la suerte de experimentar desde que, cuando era un adolescente, despertó la necesidad de plasmar en las paredes de lugares visibles e invisibles lo que escuchaban sus oídos, veían sus ojos y sentía su corazón.

“No terminé Bachillerato en la Escuela de Arte porque necesitaba trabajar para poder comprarme los botes de espray, que eran muy caros”, subraya con ironía. Amante del deporte, de la encuadernación, del aeromodelismo, de la música... Siempre destacó por ese espíritu inquieto que permanece intacto en una persona caracterizada, por encima de todo, por la humildad. Sus obras son admiradas y adquiridas por personalidades de renombre.

Ver el deterioro de sus obras en la calle hizo que diera el salto a pintar sobre óleo y a exponer

Sus cuadros dan vida a paredes desnudas. Su arte impregna rincones imposibles de pisar. Sin embargo, Belin es como era, el niño que se subía por las paredes y que encontró en el grafiti su forma de ver el mundo, un estilo del que se enamoró desde que cayó en sus manos aquellas revistas en blanco y negro, fotocopiadas, que tanto le marcaron. Todavía se puede ver, en un descampado, esas cuatro letras con las que empezó a firmar: SLAM.

Ese fue el punto de partida de una historia que continuó a base de esfuerzo, investigación, trabajo y dedicación desmedida. Artista autodidacta, Belin forma parte del imaginario colectivo de la provincia. “Recuerdo aquel día que pinté la pared de una habitación del amigo de mi padre con el logo de The Rolling Stones. No sé si me pagó, pero me sobraron botes de espray y fue ahí donde me di cuenta de que me podía dedicar a esto”. No paró. Sus padres, incluida su hermana, hicieron lo que estuvo en su mano porque estudiara, pero su carrera continuó imparable hacia el éxito, del que tampoco le gusta presumir, aunque su tierra sí se enorgullece de él.

Jiennenses del año 2025 CULTURA: Belin, de la calle a los museos

Había pasado mucho tiempo pintando cuando, con 22 años, tomó conciencia de que había encontrado, sin buscarlo, su verdadero oficio. El paso del muro al lienzo fue “natural”. Cambió el soporte y, sin embargo, continuaron intactos sus trazos, la luz de sus obras, los colores y las miradas de ese nuevo cubismo bautizado por Miguel Ángel Belinchón. “Me di cuenta de que, en la calle, había deterioro y me decanté por el óleo”, recuerda. Fue entonces cuando empezó otra carrera imparable que le llevó a exponer en las galerías más prestigiosas de todo el mundo. Heredero de Velázquez, Picasso, Murillo, Dalí, Miró, Matisse, Freud o Sorolla, lo mismo que del Niño de las Pinturas, Belin lo será también para generaciones de pintores que, como él, lleven impreso en su ADN la magia que todo artista necesita para dar rienda suelta a la creatividad. Sus obras cuelgan en espacios de renombre. “MoMA” y “Reina Sofía” les esperan.

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De China al Museo Thyssen

Hay ocasiones en las que, en diferentes partes del mundo, encuentra trazos que le recuerdan a él mismo. “Eso me llena de satisfacción”, dice Miguel Ángel Belinchón Bujes. Imparte un curso, en una plataforma internacional, en el que enseña técnicas para pintar con espray y, cuando viaja, comprueba con sus propios ojos que tiene alumnos aventajados y que, en cierto modo, él es también un maestro. Verdaderamente lo es. Sus obras, independientemente del soporte en el que estén creadas, después de años de experimentación, de lecturas y de investigación, se exponen en países de los cinco continentes, rincones de prestigio a los que Belin llega el nombre de Linares y, por supuesto, de Jaén.

Ha expuesto en Bangkok, París, Nueva York, Miami, Los Ángeles, México, Eindhoven, Madrid, Tel Aviv, Shenzhen, Hong Kong, Foggia, Nápoles, Manchester, Londres... Sus murales están repartidos por ciudades de toda España, también del extranjero, por lo que nadie puede dudar del éxito de una obra que gusta, que interesa, sin condiciones. Disciplinado dentro del desorden de lo que supone pintar sin horarios, Belin dedica las horas, las semanas y la vida a hacer lo que más le gusta y, de paso, permitirse el lujo de conocer a “gente maravillosa”.

Detesta los encargos y, sin embargo, ama los proyectos, como el que tiene entre manos en estos momentos en los que recibe el premio Jiennense del Año 2025. Se trata de “Versiona Thyssen”, donde, aparte de ser jurado, prepara un trabajo en el que reinterpreta una obra de la colección “Retrato de un joven”. Su hijo, Bruno, es el protagonista, con una mirada similar a la de Rafael, eso sí, visto en la actualidad. A partir del 29 de mayo se podrá ver expuesta en el Museo Thyssen. Ocho días antes, en la Galería Colnaghi, también tendrá la oportunidad de exponer, al lado de Velázquez y de Sorolla, obras con el sello de Belin que aún tiene pendientes de hacer. “Me gusta formar parte del mundo, no sólo del mío”. Palabras de un Jiennense del Año ilustre.

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Ana Pomar, experta en mercado de arte: “Sobresale un amor por el arte innato”

Conoció a Belin por lo interesante de su profesión. Experta en Mercado de Arte, tenía el encargo de tasar varias obras en la casa de un conocido futbolista de España cuando, de pronto, se quedó impresionada con lo que atendían sus ojos. Ana Pomar González se topó de lleno con un cuadro del artista linarense y se enamoró por completo de un estilo que, hasta el momento, rompía con lo establecido.

“Cuando llegué a casa le conté a mi marido que estaba todavía entusiasmada con lo que había visto, así que me interesé por su autor y lo llamé”, comenta Ana Pomar González. Fecharon una cita y se vieron en Madrid. “El café se alargó”, ironiza. Fue hace doce años desde aquel primer encuentro y, desde entonces, mantiene una relación que trasciende lo profesional, por Miguel Ángel Belinchón atrapa por su arrolladora personalidad: “Es una persona maravillosa. He comisariado algunas exposiciones suyas, le represento de alguna manera y le ayudo a crecer como artista”, apunta. Añade que, además de las muestras que organiza junto a Belin, intermedia en la compra y venta de sus trabajos con importantes coleccionistas. “Voy a ser sincera. Soy perito judicial experta en arte, veo una cantidad de pinturas inmensa y sigo estudiando. A veces, cuando me pongo delante de un lienzo, dudo de quién es el autor, pero Belin es tremendamente reconocible, sobre todo por su pintura tan valiente. Tiene un talento innato y sobresale un amor por el arte que no veo en otros artistas contemporáneos. Admiro que sabe transmitir el alma y la maestría, que es muy difícil, es un renacer de la pintura, del maestro, del oficio del saber pintar”, manifiesta Ana Pomar. Y dice más: “Es una persona tremendamente humilde, buena por naturaleza. Es el gran embajador de Linares y este premio es muy merecido, no tengo duda”.

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Javier de la Casa, fundador y presidente del Grupo Avanza: “Lo mejor está por llegar”

Javier Gómez, director de Iroko Arquitectura, recomendó a Javier de la Casa, fundador y presidente del Grupo Avanza, que conociera la obra de Belin antes de decorar el interior de la sede que, en ese momento, estaba en construcción en Geolit. Sabía de su existencia, pero hasta que no se adentró en su pintura no se dio cuenta, realmente, de su grandiosidad. Fue entonces cuando decidió introducir el arte del linarense en una especie de museo avanzado que viste las paredes de Avanza.

“Particularmente también le he hecho algún encargo y nos hemos convertido en grandísimos amigos. Ha participado en proyectos, encuentros, charlas que hemos organizado y la verdad es que es un lujo tener a Belin a nuestro lado”, comenta el empresario jiennense. Añade: “Ahora está residiendo en Madrid y he perdido el contacto más directo, pero nos seguimos hablando por teléfono, aprovechamos cualquier momento para preguntarnos por nuestra vida y cuando inicia un proyecto me llama para contármelo, porque necesita presentármelo y porque quiere que forme parte de ese momento primero, por lo que se lo agradezco mucho”. Habla maravillas de Belin, como artista, y de Miguel Ángel Belinchón, como persona. “Es autodidacta y su arte no se aprende en ningún sitio, porque lo ha creado él”, apunta Javier de la Casa. Coincide con el resto de testimonios consultados para este reportaje en que sus cuadros tienen mucha personalidad: “Es su seña de identidad. Cuando ves una obra de Belin sabes que es suya”. Asegura que, en lo personal, es “indescriptible”. Y agrega: “Es difícil saber amortiguar y asimilar el éxito tal como él lo ha hecho, porque ha sabido gestionar todo lo que le ha pasado en los últimos años con mucha humildad”. Su trabajo demuestra que el camino recorrido continúa. “Su historia no acaba aquí. La mejor obra de Belin está por llegar”, sentencia.

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Natalia Belinchón, hija de Belin: “Es una persona humilde”

Miguel Ángel Belinchón, aparte de ser un artista con todas las letras, es un “padrazo”. Lo dice una de sus tres hijos, la primogénita, Natalia Belinchón Blanco, que, con 22 años y una vivida muy vivida, valga la redundancia, encuentra en él la paz y la seguridad que necesita. “Siempre nos ha inculcado en casa el amor por el arte, lo admiro en todos los sentidos”, dice. Eso sí, subraya que es consciente de que vive “por y para su trabajo”. Reconoce que no fueron fáciles los comienzos: “Mi padre no empezó siendo famoso, no tenía el nombre que tiene ahora. Al principio, incluso, lo pasamos mal económicamente”. Tiene un hermano del matrimonio con su madre y otra hermana de su segunda mujer, son una piña y, aunque hace años que está independizada, conoce a Belin más o menos como la madre que lo parió: “Es una persona muy humilde, no se le sube la fama a la cabeza. Es un artista. Mis amigos me decían que era un bohemio, yo digo que es muy exigente”.

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Karina Cruz, gestora cultural y esposa de Belin: “Es un artista incansable”

Eso del amor a primera vista existe. Si no, que se lo digan a Karina Cruz Mavil, que vivió eso del flechazo en uno de los viajes profesionales que hizo Belin a México. Participaba en un evento de arte urbano, en 2012, cuando apareció el linarense como artista invitado. “Me impresionó su persona, como chico dentro del contexto masculino que había en ese momento, además de su arte y cómo gestionaba su vida y su trabajo sin entrar en contradicciones, me pareció muy interesante”, relata. Se casaron un año después. Todo fue rápido porque Miguel Ángel Belinchón tenía entonces dos niños de su matrimonio anterior y tenía claro que no quería alejarse de ellos, por lo que decidió hacer las maletas y poner rumbo a tierras jiennenses. Hoy en día tienen una hija en común y acaban de fijar su residencia en Madrid.

“Para mí es un artista incansable, no para de trabajar, de investigar y realmente es como su necesidad. Lejos de buscar un reconocimiento, ama trabajar en lo que a él le gusta”, subraya su esposa, que hoy en día es también la administradora de su trabajo. “No encontró en la enseñanza lo que él buscaba, porque quería pintar. Su herramienta primigenia fue el grafiti y ha evolucionado hacia la pintura de forma natural, con técnicas que había tentado en la escuela. Ver sus murales deteriorarse en la calle fue un punto de inflexión, sobre todo una vez que le borraron uno mientras pintaba en Nueva York; entonces se dio cuenta del riesgo de desaparición de su obra y dio el paso a los lienzos”, explica Karina Cruz. Consciente de que fue un precursor del arte urbano, destaca la “originalidad” y la “sinceridad” de su obra, porque Belin, en realidad, no pretende otra cosa más que ser lo que es. Añade: “No se cansa, no le puedo seguir el ritmo. Es una persona muy responsable, no es un bohemio que necesita que le atrape la inspiración, es disciplinado”.

Jaén
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