Fallece José Fernández García, exdirector de la UNED, exvicerrector de la Universidad de Jaén y articulista de Diario JAÉN

04 dic 2017 / 08:46 H.

Maestro con mayúsculas. José Fernández García falleció a los 75 años de edad. Profesor jubilado de la UJA, exdirector de la UNED en Jaén y articulista de Diario JAÉN desde hace más de una década. Su trayectoria fue extensa y brillante, con un aporte esencial para la creación de la Universidad de Jaén, de la cual fue vicerrector bajo el mandato de Luis Parras. Desde 2001 hasta 2013 se convirtió en director de la UNED al tiempo que daba clases de Historia Moderna en la Universidad jiennense. Sus primeros pasos en la enseñanza fueron en el Colegio Maristas, donde se granjeó grandes amistades y dejó huella en numerosos jóvenes que, todavía hoy en día, lo recuerdan con cariño. A pesar de haberse jubilado hace cinco años, continuó con labores de gestión de la Universidad a distancia, una institución que transformó en un referente a nivel nacional.

“Solemos juzgar a las personas de acuerdo a las amistades que tienen”, así comenzaba su artículo de ayer, domingo, el último que publicó en estas páginas. Pepe Fernández, según sus amigos, era irrepetible, cariñoso, amable y afectuoso, con amistades de todos los niveles y categorías a los que trataba con igualdad. Un hombre clave para el desarrollo de la enseñanza superior en la provincia que se despide hoy, en una misa a las once de la mañana, en la capilla del Tanatorio San José.

Era un hombre de origen humilde, una persona hecha a sí misma, amante de la enseñanza. Su etapa en la UNED fue muy fructífera, prueba de su gran profesionalidad. Pepe era una persona cariñosa y tremendamente generosa. Sabía trabajar y delegar, algo que no todos los jefes saben hacer y él lo llevaba a cabo de forma equilibrada. Su trato con los demás era exquisito, algo muy importante durante los momentos delicados, pues conseguía contagiar su tranquilidad. Su presencia fue esencial en la Universidad a distancia, dinamizó el centro y fue muy coherente con su particular modo de ver y entender la vida. Estaba hecho a la antigua usanza, uno se podía fiar de su palabra, era fundamentalmente un hombre de confianza y que cumplía lo prometido. Sin duda, se trataba de alguien que marca a las personas que le rodean, a quienes siempre se dirigía con palabras amables en momentos de tensión, capaz de una sonrisa en cualquier situación, de contar un chascarrillo en los momentos complicados para suavizar el ambiente. Pepe era capaz de ver la vertiente humana de la situación más difícil, lo cual fue de mucha ayuda para sacar a flote la UNED. Compartimos muchos viajes, con mil y una anécdotas de noches que pasamos en el coche de un lado para otro. Recuerdo que poníamos la música y los dos cantábamos, pero yo lo hacía muy mal y me decía: “Eres un desastre, no aprendes ni una letra”. Luego los dos cantábamos a viva voz, ¡lo que debían pensar aquellos que nos veían a través de la ventanilla! Eso sí, su voz era preciosa, porque, como decía él, era un “profesional”. Esos momentos agradables siempre quedarán en mi memoria. Pepe dejó huella, es innegable, y su fallecimiento ha causado una respuesta masiva en el campus, todo el mundo siempre preguntaba por él, dando recuerdos, mandando ánimos, era queridísimo por todos y lo seguirá siendo, pase el tiempo que pase.

Pepe Fernández era para mí un amigo y una persona entrañable. Teníamos unas relaciones estrechas de amistad, que comenzaron en los Hermanos Maristas, siendo ya él profesor y yo alumno. Además, posteriormente, coincidimos él como profesor de la Universidad de Jaén y yo como alcalde de esta ciudad. En aquella época le patrocinamos unos libros maravillosos. Con el tiempo coincidíamos en Salobreña y las relaciones fueron excelentes con toda su familia. De ahí viene nuestra amistad con su mujer e hijos. Lamentamos mucho su pérdida. Siempre estaba preocupado por sus estudios y por la cultura en general. Es una gran pérdida para la ciudad desde el punto de vista educativo y cultural”.

Conocí a Pepe en el Colegio Maristas, donde yo estudiaba y él enseñaba. Después la amistad continuó en la Universidad. Fue un historiador relevante, una persona muy coherente, comprometida con la Universidad. Su carácter activo le granjeó la amistad de sus alumnos y compañeros, por los que era muy querido. Su solidaridad e implicación alcanzaba cotas externas a la Universidad y afectaba a la sociedad. No hay más que leer sus artículos para comprobarlo. Era muy leído y apreciado por los lectores, con sus planteamientos, de actualidad, muy críticos pero también muy valorativos. Su ironía era una marca personal, eso sí, una ironía amable, positiva, muy adecuada para las circunstancias. Siempre veía el lado bueno de las cosas, de forma crítica, por supuesto, pero positiva. Como historiador de gran categoría se zambulló de lleno en la provincia, que era su pasión. Comprometido con su entorno, que mostraba en sus publicaciones. Pepe fue un gran jiennense, humanista, ilustrado y culto, preocupado por la sociedad, la enseñanza y la política. Creyó como nadie en la figura del maestro y su significado. Le echaremos de menos.

La relación que tuvimos de profesional a profesional. Nos encontrábamos en numerosas actividades dedicadas a la docencia. No llegamos a ser compañeros, pero tampoco hizo falta para admirar a una persona tan afectuosa y educada. Me lamento de no haber tenido la oportunidad de conocerlo más a fondo, con charlas en profundidad con una cerveza o un café de por medio. De todas formas, en esos breves ratos que coincidíamos se sentía su cercanía, su forma amable de comportarse con los demás, con esa actitud tan especial. Siempre que nos veíamos hablábamos de lo que nos apasionaba, de la educación y de la cultura. Era fácil mantener una conversación de cualquier ámbito con Pepe. He sentido mucho su muerte, formaba parte de la historia de Jaén y dejó impronta en muchas generaciones de estudiantes que pasaron por sus manos.

Pepe era un buen hombre. Conocía a todo Jaén y todo Jaén le conocía a él, lo cual vino muy bien cuando se creó la UJA. Yo soy de matemáticas y él de letras, escribía muy bien y fue mi maestro en ese sentido. Fue mis pies y manos los primeros años de la Universidad. Nunca lo vi enfadado, solo un par de veces, pero no era lo habitual, él ni se inmutaba, solo ponía orden. Era su naturaleza, siempre dispuesto a ayudar a todo el mundo. Trataba a los alumnos como si fueran sus hijos. Cuando me hablaba de ellos decía “mis niños”. Era una persona muy cariñosa. Fue el primero que tuvo nietos de nuestro grupo y bromeábamos llamándole “abuelito”. Estuvo muy ligado a las Nuevas Poblaciones. A mí me sirvió su extenso conocimiento para aprender historia de la provincia. Pepe era un gran científico de la Historia Moderna, era lo suyo, lo que amaba. Hace una semana hablamos de proyectos, como si nada, durante más de una hora. Se ha ido demasiado rápido, con temas pendientes y con el gusanillo de la investigación intacto.

De la primera piedra de la Universidad de Jaén nació nuestra amistad. Desde entonces nos empezamos a buscar en otros actos o acontecimientos. Era un hombre tan simpático y agradable que se quedaba en el recuerdo. Nos caímos bien al momento y conservamos esa amistad a lo largo de los años. Me gustaba mucho hablar con él, era un hombre de una basta cultura, y yo que soy una persona a la que le gusta aprender, le escuchaba con gran atención. Nuestra amistad, al parecer, la heredaron nuestros hijos, que también son amigos íntimos entre ellos. Sabíamos que estaba mal, pero no hasta qué punto. En el periódico siempre leo su artículo el primero, es lo que más me gusta, y he pensado “qué lástima, hoy leo su artículo y mañana, su esquela”.

Hace casi diecisiete años que nos conocimos. Cuando más relación tuvimos fue durante los cursos de verano en La Carolina, donde a veces pasábamos una semana en el municipio. En esos días compartíamos muy buenos ratos, comíamos y hablábamos. Ha sido una persona muy conocida y apreciada en la Universidad, no solo por el puesto que ocupaba, también por su personalidad. Era muy interesante hablar con él, no solo de historia, de la que soy gran aficionado, también de su experiencia docente y en la UJA. Éramos de diferentes generaciones, pero el trato siempre fue agradable. Ocupó cargos de responsabilidad y, por lo tanto, lamentamos su fallecimiento”.

Fui becaria de Pepe entre 2001 y 2005 en el Área de Historia Moderna. Fue mi profesor y coordinador, así como responsable del grupo de investigación del que formaba parte. Era una persona tremendamente afable, lo cual hacía que trabajar con él fuera sencillo, con muchísima cercanía. Tanto en ese periodo en la Universidad de Jaén como en otros proyectos en los que hemos trabajado conjuntamente después estar con él era muy cómodo, con un trato de igual a igual. Era alguien muy acogedor y que le encantaba escuchar, no solo hablar, sobre todo a gente joven. Tengo un buen recuerdo de él, no solo como alumna, también como profesional y compañera. Fuera quien fuera su interlocutor, tuviera una u otra inclinación política o mentalidad diferente, Pepe conseguía llevarse bien con él, así era él y su forma de ser. Hemos vivido muchas anécdotas juntos, le gustaba contar historias divertidas, hacer que el rato compartido fuera entretenido. Tenía una personalidad arrolladora, que atraía, y se hacía querer, indudablemente.