Fin del Nuevo Start: EE UU y Rusia dejan morir el último tratado de reducción de arsenales nucleares

Putin, que suspendió la participación de Moscú en el pacto en 2023, no ha recibido respuesta de Trump a su propuesta de prórroga

05 feb 2026 / 11:07 H.
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El Nuevo Start, firmado por Estados Unidos y Rusia para afrontar una reducción de sus propios arsenales nucleares, ha expirado este jueves sin que las partes acordaran una prórroga o un marco que sustituyera al último tratado de reducción de estas armas que, además, representaba una medida de confianza y control mutuo entre Washington y Moscú. Firmado en abril de 2010 en Praga por los entonces presidentes de Estados Unidos y Rusia, Barack Obama y Dimitri Medvedev, respectivamente, entró en vigor en febrero de 2011 tras la ratificación del documento por parte de ambos países, marcando el horizonte de una década para controlar los arsenales de las dos mayores potencias nucleares. El pacto reemplazó al Tratado de Reducciones de Ofensivas Estratégicas (SORT) —conocido como Tratado de Moscú y firmado en 2003—, y siguió el hilo del Start I —firmado en 1991 y en vigor desde 1994— y de la propuesta del Start II, que no llegó a concretarse debido a que las conversaciones no llegaron a buen puerto. De esta forma, el Nuevo S¡tart limitó a Estados Unidos y Rusia a un máximo de 1.550 ojivas nucleares estratégicas desplegadas por parte de cada uno, lo que suponía una reducción de cerca de dos tercios respecto al Start I y aproximadamente un 10% menos que la cifra pactada en el Tratado de Moscú. El pacto limitaba a 700 el número de misiles balísticos intercontinentales desplegados y no desplegados, el de misiles balísticos lanzados desde submarinos y el de bombardeos pesados equipados para transportar y lanzar armas nucleares --con un límite adicional de 700 a los desplegados--, al tiempo que fijaba un sistema de supervisión para comprobar que ninguno de los países violaba estos términos. De hecho uno de los elementos más importantes del tratado era que las disposiciones de verificación incluían inspecciones ‘in situ’, con hasta 18 al año en instalaciones con sistemas estratégicos, e intercambio de información sobre el posicionamiento de cabezas nucleares y lanzadores, con comisiones consultivas que se reunían un mínimo de dos veces al año. Otras cláusulas del acuerdo incluían notificaciones previas al lanzamiento de misiles balísticos sujetos a las disposiciones del tratado, que recogía que la duración del mismo “será de diez años, a menos que sea supersedido por otro acuerdo”. “Las partes podrían acordar extender el tratado durante un periodo de más de cinco años” —como pasó en 2021—, apunta.

Sin embargo, el presidente de Rusia, Vladimir Putin, anunció en febrero de 2023 la suspensión de la participación de Moscú en el tratado, en medio de las tensiones por la invasión rusa de Ucrania, lanzada un año antes. Putin sugirió en septiembre de 2025 una prórroga de un año y, si bien el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, respondió que este paso “parece una buena idea”, las partes no hicieron avances hacia ello. Así, mientras Medvedev señaló que la expiración del Nuevo Start “debería alertar a todo el mundo”, Obama advirtió de que su fin podría provocar una carrera armamentística y hacer del mundo un lugar “menos seguro”. Aunque técnicamente el tratado solo podía prorrogarse una vez, Rusia y Estados Unidos tenían en su mano pactar un nuevo marco que entrara en vigor cuando el Nuevo Start venciera, para evitar un limbo. Moscú había planteado que el posible nuevo marco fuera en base a un compromiso voluntario de las partes, mientras que Washington está interesado en que un eventual nuevo tratado se extienda a China. El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, ha descrito la situación como “un momento grave para la paz y la seguridad internacional”, dado que se trata de la primera vez en más de medio siglo en la que “no hay límites vinculantes sobre los arsenales nucleares estratégicos” de estos países, si bien ha pedido que esto sirva de acicate para reiniciar negociaciones y crear un régimen de control de armas adaptado al contexto actual.

Pablo Aguiar, director de FundiPau —miembro de la Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares—, ha destacado en declaraciones a Europa Press que el hecho de que Estados Unidos y Rusia concentren “la gran mayoría del arsenal nuclear mundial”, con “el 80%” del total, es lo que hace que el fin del Nuevo START sea “tan grave”. “Incluso antes de llegar a la situación actual, el tratado estaba ya debilitado”, ha explicado, recordando la decisión rusa de 2023, que acarreó la “paralización” de las inspecciones, “reduciendo la capacidad de verificación mutua y aumentando la opacidad”. Sin embargo, ha incidido que “con su caducidad, desaparece el último marco que, con todas sus limitaciones, mantenía un techo nuclear entre Washington y Moscú”. En este sentido, ha sostenido que “la señal política es devastadora”. “Si para las dos mayores potencias militares del planeta los acuerdos de control de armas tienen tan poco valor que se dejan morir, ¿qué incentivo real queda para frenar una nueva carrera armamentística o para contener la proliferación?”, se ha preguntado. Aguiar ha hecho referencia a la propuesta de Trump de incluir a China en un futuro acuerdo y ha argüido que “en teoría, incorporar más actores sería una buena noticia”, si bien “en la práctica, convertirlo en condición previa puede bloquear cualquier avance inmediato, porque Pekín ha reiterado que no negociará en igualdad mientras su arsenal sea mucho menor que el de Estados Unidos y Rusia”. “Hoy hay nueve países con armas nucleares. Cada paso que erosiona los tratados existentes alimenta el mensaje de que la bomba es útil y que la disuasión es el único idioma”, ha subrayado. “Ese camino nos acerca a un mundo más inestable, más hostil y con un mayor riesgo de que una crisis regional, una cadena de incidentes o el cálculo irresponsable de un líder desemboquen en lo irreparable”, ha añadido.

Asimismo, ha reseñado que “todas las armas nucleares son un sinsentido: no protegen, sino que colocan a la humanidad al borde de una catástrofe irreversible”. “Su mera existencia crea un riesgo permanente. Lo más inquietante es que, en 2026, ese riesgo crece justo cuando se debilita el último marco que ponía límites y reglas entre las dos mayores potencias nucleares”, ha lamentado. Por ello, ha insistido en que la respuesta ante esta “arbitrariedad irresponsable” por parte de Washington y Moscú “no puede ser la resignación”. “Si la lógica de los países nuclearmente armados es el unilateralismo, la ciudadanía y la comunidad internacional debemos redoblar la apuesta por la multilateralidad”, ha esgrimido, antes de ahondar en que “la única vía coherente con la supervivencia” es el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares (TPAN), “que coloca en el centro el enfoque humanitario y la protección de la vida.” En esta línea, la coalición global Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares, que recibió el premio Nobel de la Paz en 2017, dice que el fin del tratado eleva el riesgo de uso de armas nucleares, “debido a la posibilidad de una carrera armamentista nuclear intensificada”. “No es del interés de ningún país aumentar los arsenales nucleares globales. En su lugar, todos los Estados poseedores de armas nucleares deberían respetar y aplicar los acuerdos internacionales existentes sobre desarme nuclear”, señala la organización. De todos modos, recalca que la obligación legal de Rusia, Estados Unidos y otras potencias nucleares de negociar el desarme va más allá del Nuevo Start y que su responsabilidad “no ha desaparecido”, al destacar la responsabilidad a la hora de cumplir el TPAN, adoptado en 1968 y prorrogado indefinidamente en 1995.

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