Tres comicios en diez meses acaban en empacho
Tres citas con las urnas en diez meses —22 de mayo y 20 de noviembre de 2011 y 25 de marzo— podrían evidenciar un sistema democrático sano. Pero en medio de tramas de corrupción de todos los colores y una crisis que quiere llevarse por delante el Estado del bienestar, este cúmulo de elecciones aboca a los jiennenses al hastío y al empacho.
Una porción de tarta siempre es un bocado delicioso, sobre todo, cuando no se prueba todos los días. Pero si en una misma jornada se toman tres trozos, llega el empacho. Y cuando, además y como ocurre con las tres convocatorias electorales que ha vivido la población andaluza en un periodo de apenas diez meses, ese trozo del pastel está aderezado con los ingredientes de la corrupción, de una tasa de paro que sitúa a España en el “top ten” de la escala europea y con la pérdida paulatina de los derechos adquiridos y supuestos en un Estado del bienestar, no solo hay empacho, sino un cólico estomacal y mental.
En la estrategia política por frenar la “ola conservadora” que —en opinión de los socialistas— ha “invadido” la Península, el líder del PSOE andaluz, José Antonio Griñán, se empeñó en mantener 2012 como fecha de las elecciones autonómicas separada de las generales que su compañero de filas José Luis Rodríguez Zapatero tuvo que adelantar ante la crisis aguda de su Gobierno. Y confió en que, en el intervalo entre unas y otras, la ciudadanía se volvería contra la gestión del PP y sus recortes en políticas sociales. Y a tenor de los resultados, quizá con este adelanto consiguió, al menos, frenar el empuje de un PP que, aunque ha ganado las elecciones, no consigue la mayoría absoluta. La jugada no le sirvió para ganar las elecciones pero le permite jugar con un pacto, a priori, cantada con IU. El camino electoral que acabó ayer con una nueva cita en las urnas fue largo, fatigante y fatigoso. Primero, para los propios candidatos, a los que —atrincherados como estaban en el discurso de los ERE, el paro o la pérdida de derechos sociales— quince días de campaña les sobraban. Y en segundo lugar, para la población. Una ciudadanía cansada de promesas que a la hora de la verdad no acaban con sus problemas y de una clase política en la que ya no ve sino corrupción, mentiras y afán de poder personal. Y eso sin contar el “gasto económico” que implica toda campaña, “y más en tiempos de crisis”, observa un vecino de la capital.
Con las encuestas en la mano, la clase política posee el título de ser el tercer problema del país, según los españoles. Actualmente, “la política tiene una valoración por debajo de lo que cabría esperar en una democracia joven, y en ello tiene que ver la forma en la que se está realizando esa política”, comenta el profesor de Sociología de la Universidad de Jaén Felipe Morente. La forma de proceder de los gobernantes es “poco afortunada” y “deficitaria en muchos casos”. “Antes, decíamos que eran casos excepcionales, y ahora ya son demasiados. Y no solo por la corrupción política y los comportamientos individuales, sino por el déficit en la gestión, y eso se aprecia en el excesivo endeudamiento que tienen las administraciones y en la falta de respuesta a programas que hagan posible el desarrollo de iniciativas socioeconómicas y a todo aquello que hubiera mitigado el paro, que en España está muy por encima de la media europea”, explica el sociólogo.
Morente está de acuerdo en que ha habido una “sobrerrepresentación de elecciones” en Andalucía en menos de un año, cuando “perfectamente” se podrían haber hecho coincidir las autonómicas con las generales, como, hasta ahora y con las críticas siempre de la oposición, “era habitual”. Pero, en su opinión, “más que hablar del cansancio ante las elecciones, es la indefinición de qué hacer” lo que sienten los ciudadanos, porque —continúa—: “El partido más votado de los últimos años no ha sabido gestionar la crisis y ha dejado sin expectativas, por ejemplo, a un sector tan importante como el de los jóvenes, con una tasa de paro, en Andalucía, por encima del 45%”.
Morente alude a la “inconsistencia de las políticas” y destaca la falta de alternativas, que se ha adueñado del imaginario colectivo en un lustro de recesión económica. En una historia democrática ofensivamente joven en comparación con la de países vecinos como, por ejemplo, Francia, en España “no hay un avance hacia la democracia participativa”, lamenta Morente. Según el profesor de la Universidad de Jaén, las pautas de participación están anquilosadas. Las listas electorales siguen siendo cerradas, a diferencia de lo que ocurre no solo en países del norte de Europa, sino en algunos de Latinoamérica. Ahí están iniciativas como la Democracia 4.0 que quedaron relegadas al olvido democrático. “Hay un divorcio entre la sociedad civil y los actores políticos”, manifiesta, contundente, el profesor. Y, sin embargo, la evolución de la participación en las dos últimas convocatorias electorales —las municipales del 25 de mayo y las generales del pasado 20 de noviembre— ofreció una escalada en la provincia, aunque solo fuera de un punto y medio. Nuria López Priego /Jaén