Santa Catalina de Alejandría
Un año más, la patrona jaenera ascendió por el serpenteante camino hasta su castillo homónimo. Un día de ocio, de costumbre sobrevivida al pasar de los años, de fiesta, de rojo en el calendario jiennense para aliviar los sin sabores de los tiempos que corren, ásperos y cuesta arriba, tanto y más, como las calles de nuestra capital querida.
Santa Catalina de Alejandría, copatrona de Jaén junto con la Virgen de la Capilla, protectora de nuestra ciudad, además de patrona de escolares y estudiantes, filósofos, prisioneros, jóvenes casaderas y todos cuantos se relacionan por su trabajo con las ruedas, así como de apologistas, abogados y enfermeros. Cuenta una mística leyenda, que estando Fernando III en las inmediaciones de Jaén, que estaba sitiada por sus tropas con el fin de rendirla y tomarla para dominios castellanos, la mártir Santa Catalina se le apareció en sueños y le entregó las llaves de la ciudad mostrándole así su apoyo. Poco después, el rey castellano consiguió la rendición de Jaén del rey musulmán Alhamar, declarándose este vasallo de Castilla y retirándose a Granada, dónde perduraría el dominio musulmán durante dos siglos y medio más. Si bien, según algunos autores, es posible que la devoción a Santa Catalina fuera anterior a la conquista cristiana en 1246. Es el significado misterioso que guarda la historia para una día de marea humana ascendente a las faldas del castillo con el fin de disfrutar de la compañía amiga y de un festivo que pertenece a Jaén.
Relaciones públicas
Sonia J. Tirado