"Tenemos que considerar esta decisión con un inmenso respeto"
JUAN RUBIO
El cardenal iliturgitano José Manuel Estepa Llaurens no estará en el cónclave que elegirá al nuevo Papa. La edad se lo impide al tener más de ochenta años. Sí estará, no obstante, en las Congregaciones Generales que se celebrarán en los días previos y en donde se cuajan los nombres, ya que no se puede hablar de candidaturas, pues nadie se postula. Conversaciones, tras charlas en las que un sacerdote elegido habla sobre el estado de la Iglesia y el perfil del candidato sirven para que se cuaje al sucesor de Benedicto XVI.
JUAN RUBIOEl cardenal iliturgitano José Manuel Estepa Llaurens no estará en el cónclave que elegirá al nuevo Papa. La edad se lo impide al tener más de ochenta años. Sí estará, no obstante, en las Congregaciones Generales que se celebrarán en los días previos y en donde se cuajan los nombres, ya que no se puede hablar de candidaturas, pues nadie se postula. Conversaciones, tras charlas en las que un sacerdote elegido habla sobre el estado de la Iglesia y el perfil del candidato sirven para que se cuaje al sucesor de Benedicto XVI.
Será la primera vez, después de siglos, en la que se elija un sucesor de Pedro con el anterior aun vivo. Estepa Llaurens, natural de Andújar, fue creado cardenal por el Papa el 20 de noviembre de 2010. Era la culminación de una carrera de servicio a la Iglesia. Ahora se le pedía una entrega más. Benedicto XVI ya conocía al entonces arzobispo emérito castrense por su labor en la redacción del "Catecismo de la Iglesia Católica" en una comisión presidida por el entonces cardenal Ratzinger en calidad de prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Vayamos primero con una anécdota de entonces. Reunida la comisión con pocos expertos, seis personas, echaron a suertes qué partes del catecismo desarrollaría cada uno. Decidieron que la fe, primera parte, la hiciera el que llevara más tiempo de obispo, que en este caso era el arzobispo Estepa, experto en catequesis. "Bien, muy bien —dijo—, como en Trento. Y es que los españoles somos más fuertes en la fe que en la mora". Era otra parte del catecismo. Ratzinger no entendió el humor andaluz. Estepa se lo explicó y las sesiones comenzaron con sal andaluza y sonrisas de nuestro sur. Después vinieron muchos encuentros. La última vez fue este verano pasado. Estepa acudió a Roma a despedirse del Papa, le gusta decir. Hablaron largo y tendido, sin prisa, como viejos amigos y hablaron de muchas cosas. Para entonces el Papa tenía, al parecer, decidido marcharse, pues parece que lo pensó en marzo, tras su viaje a México y Cuba. —Son viejos amigos. Ustedes se tratan desde hace años y han trabajado codo con codo. ¿Cuándo conoció a Benedicto XVI y cuál fue su relación con él antes de ser Papa?—Yo, obispo auxiliar de Madrid (con el cardenal Tarancón), fui nombrado secretario especial del Sínodo Universal de Obispos de 1977, por el papa Pablo VI, a quien conocí personalmente y traté de cerca desde antes de ser yo obispo en 1972. En dicho sínodo de 1977 fueron padres sinodales los cardenales Luciani (Juan Pablo I), Wojtyla (Juan Pablo II) y Ratzinger (Munich). El cardenal Ratzinger había sido llamado al ministerio episcopal y al cardenalato muy pocos meses antes. Me mantuve en relación con Ratzinger y, a propuesta suya, fui incorporado en noviembre de 1986 al pequeño grupo de obispos encargado por el papa Juan Pablo II de la redacción del “Catecismo de la Iglesia Católica”. El nombramiento público se hizo seis meses más tarde. Fueron para mí seis años de apasionante servicio, siempre bajo la presidencia del cardenal Ratzinger. Más información en nuestra edición impresa.