La participación ciudadana más allá del movimiento del 15-M

El movimiento ciudadano que llevó a las calles españolas a miles de ciudadanos tiene su origen en multitud de factores, pero con un elemento común que los agrupa: descontento. Esa desazón ciudadana, que ha tenido otros precedentes en países europeos,

    30 may 2011 / 08:59 H.

    encontró en España un caldo de cultivo en la crisis económica y en las medidas políticas que el Ejecutivo aprobó en los últimos meses un motivo para la protesta. Sin embargo, en el caso español, al contrario que las manifestaciones griegas, el sentir popular va más allá en sus críticas al sistema político y económico español. En este sentido, sus reclamaciones están más cercanas al movimiento islandés, que aunque tuvo su origen en el pago de la deuda contraída por sus bancos, estaba acompañado de otras medidas para cambiar el sistema de representación política. En España, el sistema electoral nacido de la transición y el propio funcionamiento de los partidos han limitado la participación de los ciudadanos en los asuntos públicos, reduciendo su papel estelar a las elecciones y priorizando las funciones de los partidos por encima del propio sentir ciudadano. Solo así se explica el distanciamiento de los votantes y los partidos, que aunque continúan elevando el índice de participación en los comicios sitúan al sistema político como una de sus principales preocupaciones. Una vez que los partidos han visto la capacidad de movilización ciudadana muchas de las pretensiones recogidas deben ser canalizadas de forma efectiva para que ese grito ciudadano no quede en el limbo. Ese será el gran reto de los congregados, saber llevar sus peticiones a los foros adecuados donde pueden ser escuchadas sus demandas. La participación en los movimientos vecinales y en los barrios y una presencia también efectiva en los propios partidos será fundamental para salvar el espíritu del movimiento y cambiar lo que no funciona desde dentro.