¡Qué viva la cleptocracia!

Tomás Gutiérrez Roa desde Jaén. El otro día viendo el telediario me pasó algo muy extraño. Empezaron a salir noticias sobre casos de corrupción en diferentes partes de España y mi alarmante sorpresa fue que ni siquiera me inmuté, no reaccioné ante el hecho de que ciertas personas se enriquezcan con el dinero de todos los españoles y que, por si alguien lo dudaba, debe invertirse en nosotros, en el conjunto de la población.

    12 ene 2012 / 19:01 H.

    Y es que estamos vacunados ante la corruptela que invade nuestro país. Los EREs andaluces, los trajes de Camps, el caso “Palma-Arena” o la corrupción en Marbella son nuestro pan de cada día e invaden todos los días los informativos, convirtiendo nuestra furia en una asombrosa pasividad. Ya nos puede robar hasta la familia real que ni nos extrañamos, lo vemos como otro hándicap de tener gobernantes sinvergüenzas, no reaccionamos ante el hecho de que nuestro dinero, el que debe mejorar las carreteras o el que debe pagar la pensión de nuestros ancianos, vaya a parar a manos de codiciosos gobernantes sin escrúpulos que aprovechan su cargo para llenarse los bolsillos.
    Pero el problema no viene de dos alcaldes de pueblo que se compran un piso con los dineros del Ayuntamiento, no señor, el problema viene de arriba, del sistema. Nuestra cúpula política vive con la ley de “a ver quien roba más”, y claro, así es imposible parar toda esta espiral de corrupción depravada que ataca virulentamente nuestras arcas públicas. ¿Quién va a parar a un político que roba? ¿Otro que roba más? ¿O un juez comprado seguidor férreo de un color político? Ninguno de ellos, solo nosotros podemos pararlo, pero la anestesia de la ciudadanía es el cojín en el que se sientan los políticos, sabedores de que sus fechorías nunca se enfrentarán a una masa enfurecida que clama justicia, pues el juego es demasiado fuerte como para pararlo. El sistema está comprado, así que solo queda clamar ¡qué viva la cleptocracia!