Fiestas y tradiciones arraigadas

Es la mejor embajadora que puede tener Espelúy. “Para ser tan chico es un primor de pueblo lo que tenemos y hay muy buena unión”. Se puede decir más alto, pero no más claro. Ella nació en el barrio Tánger, como lo conocen los vecinos y allí vivió hasta que se casó, cuando se trasladó con su marido unos años a Marbella y ahora vive en la calle Santa Catalina, el nombre de la hermandad que celebra cada año unas fiestas solo y exclusivamente para mujeres.

30 jul 2015 / 08:35 H.


Pero, la mejor fiesta espeluseña con diferencia es la de San Gregorio, el primer fin de semana de mayo, que se celebra con una gran intensidad y a la que todos los vecinos guardan un cariño especial. “Solo mentar a San Gregorio se me pone el vello de punta”, confiesa. Todo comienza ya temprano, con la invitación que hace el hermano mayor en su puerta para que quien quiera desayune su café, chocolate y unos dulces, con la música de Manuel Garín. “Todo el que prueba, repite al año siguiente”, asegura con orgullo. Después, llegan la misa, la comida y, por la tarde, procesión con la banda de música, para terminar con una verbena en el parque, donde funciona el único bar del pueblo. “Tenemos ahora uno muy bueno, La Dehesa de Espelúy, que de verdad es para ir; de hecho, va mucha gente de Jaén”. Y es que, como no hay distancias, la tentación es aún mayor.

Se involucra con todas las actividades del municipio, como con las Cruces del mes de mayo, un auténtico atractivo que la tiene ocupada ya desde el mes de diciembre, porque todo se elabora de manera artesanal y con mucho mimo. “Es muy laborioso, pero luego pasamos un día estupendo”. Ahora, en agosto, es la hermandad la que se ocupa y preocupa de organizar otra fiesta, que este año será el sábado día 8, pensada para todos los veraneantes que vienen de fuera. Su marido, Francisco Román, es el presidente de la hermandad y junto con Nicolás Mata, secretario y Silverio de la Torre, el tesorero, se encargan de la esperada feria del verano. No faltarán los típicos cantos (pan con aceite y tomate) y otras viandas con las que invitan a comer a todos los vecinos, además de queso, jamón, bebidas... y todo gratis, gracias a la hermandad. Empleada de hogar desde hace aproximadamente ocho años, se traslada a la capital para trabajar. “Allí, en el pueblo, no hay nada, así que tenemos que salir fuera. Pero estoy muy contenta”.

Hace un año se casó su hijo mayor, Miguel, que ya lo ha hecho abuela hace tres meses y, precisamente, este sábado próximo contrae matrimonio su hijo pequeño, Lorenzo, así que está “nerviosa perdida” con los preparativos de última hora. Y, una curiosidad: hace treinta y tres años salió en el periódico en la foto de su boda (que aún no ha averiguado quién la envió para publicarla) y, ahora, vuelve a estas páginas. Claro que la boda ya no será la suya.