Escudero y la pasión por enseñar a nuevas voces del canto lírico

Fue alumno de Alfredo Kraus, uno de los mejores tenores líricos de la segunda mitad del siglo XX.  Hoy en día, el maestro de canto Enrique Paz Escudero transmite a sus alumnos las técnicas del género, que en el pasado recibió del genial intérprete, para que puedan convertirse en profesionales de la música.

    01 sep 2011 / 15:08 H.


    Distendido y amable durante su encuentro con los medios, el tenor Paz Escudero destaca en varias ocasiones la importancia de que cualquier profesional decida enseñar a los jóvenes de su gremio los conocimientos acumulados durante su trayectoria laboral. “Me apasiona ayudar a mis alumnos, transmitirles todo lo que he aprendido. Tuve la suerte de tener a Kraus como maestro y siento que tengo la obligación moral de compartir lo que sé con la gente que quiere formar parte de este mundo”, explica para desvelar la pasión pedagógica que le ha apartado, salvo algunas actuaciones esporádicas, de los escenarios. “De vez en cuando doy algún concierto, pero ahora mi motivación es profundizar en el terreno de la enseñanza”, asegura convencido.
    Y las recomendaciones del prestigioso intérprete a sus alumnos están destinadas a la valiosa herramienta que decidirá la suerte de sus destinos artísticos: la voz. Concretamente a saber colocarla para producir sonidos que emocionen al público. “El entrenamiento que reciben consiste en aprender a controlar la respiración, tener una buena dicción y hacer fraseo”, detalla con tranquilidad el tenor que quedó prendado por la magia de la opera en los primeros años de su vida. El mismo encanto que en la actualidad invierte para instruir a las nuevas voces y lograr así  potenciar sus destrezas vocales. “Aprender esta gama de conceptos hará que rinda más”, agrega. Por ello, insiste en los prácticos ejercicios de importación de la voz que “sacan brillo” al sonido emitido por sus cuerdas vocales. “Y es muy importante realizar esta fase de entrenamiento para evitar que se produzcan lesiones”, destaca para referirse a los nódulos, pólipos o ronqueras, patologías que entorpecen la trayectoria del cantante. De estas enfermedades se habla mucho en el curso de “Voz profesional y artística. Fisiología de la voz cantada” con el objetivo de señalar la importancia de los buenos hábitos vocales. “Pero de eso ya os habrán informado los otorrinolaringólogos y los foniatras”, asegura Escudero a la prensa. Porque lo que de verdad le atrae y lo que domina es la música. “No obstante, los profesores de canto debemos servir de guía a nuestros alumnos para que logren una perfecta técnica vocal”, tercia. A Baeza le han traído los cursos de verano de la Unia y confiesa que estaría feliz de la vida si pudiera impartir clases en el sur de España. “Me ofrezco para enseñar canto lírico en cualquier lugar de Andalucía”, dice arrancando las risas de los periodistas.
    Y el eco de las carcajadas refleja el espíritu pedagógico auténtico del tenor, presente durante todo el encuentro. Su energía contagiosa destaca también cuando recuerda la edad dorada del canto lírico en España, representada por intérpretes como Montserrat Caballé, cuya tesitura de soprano es mundialmente reconocida, o el propio Alfredo Kraus. “La verdad es que nuestro país ha dado siempre grandísimas voces. Y mi maestro cantó a un nivel espectacular hasta que la muerte se lo llevó”, rememora Escudero, al tiempo que explica, en cierto modo, la excelente “cuna” de voces españolas por la costumbre de la gente, en zonas como el País Vasco, de reunirse en bares y restaurantes para comer y cantar. Una combinación de placeres irrenunciables que señala el tenor. En cuanto a los cantantes españoles actuales de música lírica, Escudero considera que hay grandes talentos como el joven Celso Albelo. “Tiene unas facultades extraordinarias y ya canta en teatros muy importante. También hay ahora excelentes cantantes italianos y norteamericanos”, afirma al referirse a jóvenes que empiezan a despuntar  su carrera, una trayectoria que, como en todas las profesiones, alcanza un punto de esplendor y madurez artística. “En los cantos líricos este momento se da entre los 30 y los 40 años”, sostiene. Más tarde, una vez exhibida la estación cumbre de su obra y desarrollada su carrera, el interprete “abandona” el escenario. “Cuando el cantante lírico reconoce que no está a la altura decide parar y siente que ha cumplido su objetivo. Justo después debe aparecer la obligación moral de compartir con otros compañeros jóvenes lo que ha aprendido”, remarca Escudero trazando el recorrido vital del intérprete desde que comienza a emitir sus primeras notas en la niñez hasta que abandona la profesión para dedicarse a la enseñanza. Una hermosa lección impartida por un gran  maestro y un excelente alumno. Firan Cano /Baeza