El Parque de la Victoria

Desde Jaén. Cuando éramos niños, ya hace años de ello, nuestros padres y abuelos de entonces nos llevaban de paseo a lugares de los que siempre hemos guardado grandes y bellos recuerdos. Esa época de inocencia difícilmente se nos puede olvidar y forma parte de aquellas vagas reminiscencias que somos capaces de mantener en nuestras cabezas, ahora cubiertas de canas, en el caso de que algunos aún las mantengamos cubiertas. Ha sido obligación de todos nosotros, padres y abuelos, mantener ese ejemplo generacional, disfrutar con la alegría de los pequeños, en sus tierna infancia, gozar de la sincera risa de sus impolutas caras, poder verles en sus primeros descensos por toboganes, mecerse en los columpios, salir detrás de las palomas a las que hemos estado alimentando en su compañía, verles reir de sorpresa cuando aleteaban o graznaban los patos, en la fuente artificial que siempre ha existido, sentarse en los bancos a descansar después de sus agotadores juegos y beber de esa agua que saciaba su sed, ganada tras horas de desatino juguetón. Todo lo acontecido parece cosa del pasado, este domingo pasado, me juntaba con mi amigo José Luis, con quien había quedado en el Parque de la Victoria para que ambos, ejerciendo de nuestra reciente estado de abuelos, llevásemos a nuestras respectivas nietas a pasear en este parque lleno de nostalgias del pasado, tanto para mí como para él. Es cierto que nunca, ninguno de los dos, se había desplazado a este lugar de ocio, en la faceta de cuidador de nietos pero, nos impusimos ese agradable paseo en el que los dos charlaríamos de la vida y nuestras nietas, correrían torpemente, disfrutando de una mañana soleada, preludio de la primavera. No, señores, del gobierno de la ciudad, el Parque de la Victoria, ya no es lo que era. Echo en falta un mantenimiento de los cachivaches en los que jugábamos con nuestros hijos, ya apenas si hay patos porque el agua está maloliente, no se denota un mantenimiento del suelo con la arena que evita que nuestros niños se hagan daño al caerse. Ya no es como antes. Nuestros nietos no podrán recordar este parque, como nosotros lo hacemos ahora por experiencias propias cuando éramos padres y cuando éramos niños. No hay mejor labor de un Ayuntamiento que la de mantener lo que siempre ha existido, mantener es ganar o al menos no perder y hemos perdido, señor alcalde. Nuestros hijos ya no disfrutan de un Jaén limpio, de un Jaén cuidado, de unas instalaciones infantiles acordes con lo que siempre han sido. Me tenía que quejar y me quejo porque, mi nieta aún no tiene capacidad para hacerlo pero, de tenerla, seguro que lo haría.

 

    11 mar 2014 / 23:00 H.