El necesario sacrificio para salir de la crisis y la sociedad que no ve que sea compartido
No es necesario echar mano de los números y las estadísticas para certificar que estamos atravesando por una de las peores épocas de nuestra vida, que amenaza con hacer perder toda una generación, precisamente la mejor preparada de toda la historia de este país y la que más medios materiales, de goce y disfrute, además de una cobertura social hasta entonces sin precedentes, haya tenido. La crisis económica y financiera es de tal calado que con ver a nuestros vecinos parados y sin esperanza, a nosotros mismos con serias dificultades para llegar a final de mes, en el mejor de los casos, ya sabemos de primera mano que ha venido para quedarse, mucho tiempo, tristemente.
No es necesario echar mano de los números y las estadísticas para certificar que estamos atravesando por una de las peores épocas de nuestra vida, que amenaza con hacer perder toda una generación, precisamente la mejor preparada de toda la historia de este país y la que más medios materiales, de goce y disfrute, además de una cobertura social hasta entonces sin precedentes, haya tenido. La crisis económica y financiera es de tal calado que con ver a nuestros vecinos parados y sin esperanza, a nosotros mismos con serias dificultades para llegar a final de mes, en el mejor de los casos, ya sabemos de primera mano que ha venido para quedarse, mucho tiempo, tristemente.Desempleo, desolación, familias que se resquebrajan, hambre y miseria que cada vez la vemos más cercana, aumento de la violencia y la luz oscura de un túnel que nos aseguran que será aún peor en los próximos meses. Además, se da la circunstancia de que también tenemos crisis de valores, lo que aumenta el desasosiego colectivo de la sociedad y el individual de cada familia española y jiennense.
No hay otra salida, nos dicen quienes mandan ahora, a la par que le piden a esta sociedad que asistió atónita a la negación rotunda de la crisis por parte del anterior Gobierno que han llegado tiempos indescifrables y solo desde el convencimiento de lo mal que estamos será posible atisbar un futuro mejor. Tan mal nos pone las cosas este nuevo Gobierno que incluso da miedo no solo ya el futuro más inmediato, también el presente de hoy mismo, que nos hace caer en una sensación de desasosiego impropia de un país con recursos para no estar tan mal como aparenta, como dicen las cifras oficiales o como atestigua marchaconamente la lista de parados (en Jaén, 61.266 personas, la cifra jamás conocida por estos lares). Nos piden sacrificio, un esfuerzo sin precedentes en austeridad y los medios de comunicación no dejamos de repetir esa nueva idea instalada en la propia sociedad, que hemos derrochado mucho dinero y ahora tenemos que pagarlo; sin vueltas de hoja. Seguramente tiene más de verdad absoluta que de media verdad, pero lo mismo de cierto es que nadie nos dijo que lo estábamos haciendo mal. Corría el dinero de los bancos a las familias, a las empresas y las administraciones públicas levantaban las calles recién arregladas para volverlas a arreglar. Sacrificio, sí, pero cuando el Gobierno actual, que desesperantemente anuncia las medidas muy poco a poco y no todas de golpe, como sería lo deseable, para saber exactamente a qué atenernos, habla de esfuerzo colectivo todos ponemos dudas de que sea así. ¿A quiénes miramos expresamente? ¿A quiénes se dirigen los recelos de una sociedad que ve cómo el esfuerzo no es compartido? Pues a la par a los bancos y cajas de ahorros y a la clase política, que tanto se han ayudado desde que estalló la crisis y cuyo caudal de dinero público a instituciones privadas no tiene, de momento, y han pasado meses, repercusión en la microeconomía, de la que dependemos casi todos, especialmente en la provincia de Jaén. Abogamos por el esfuerzo colectivo, por ser obedientes comunitariamente y aceptar más bien que mal las medidas de austeridad porque no nos queda otra, pero la clase política debe dar el mejor de los ejemplos y olvidarse de los privilegios, que suena a sacrilegio social cuando las familias están pasando las penurias que están pasando. Y no aceptaremos, ni antes lo aceptábamos, pero ahora menos que nunca, que esto que dice la gente de la calle es demagogia. No, no es demagogia, es una realidad.
*La Redacción escribe estos comentarios sobre la situación económica y social y los dramas personales que viven las familias y pedimos, de igual forma, la participación de lectores e internautas sobre el Editorial
Las cuentas públicas deben ser más claras
Entre los propios partidos no se ponen de acuerdo a la hora de fijar el déficit de las cuentas públicas, y eso desconcierta al ciudadano.
Que expulsen a los pésimos gestores
Los partidos políticos deberían dar ejemplo y apartar de puestos de relevancia a quienes han dilapidado el dinero público en proyectos innecesarios o a quienes no saben gestionar el dinero de todos. Es inadmisible que algunos continúen.
Educación y sanidad, las prioridades
No se puede lastrar el futuro de las familias que peor lo pasan reduciendo el presupuesto en asuntos tan básicos como la educación y la sanidad, que deben ser prioridad política. Además, se debe reforzar la ayuda a las personas a las que esta crisis ha dejado sin ayuda social.
Las jubilaciones de los políticos y empresarios son sangrantes
En el contexto actual de crisis causan vergüenza no solo los salarios de algunos políticos y gestores de empresas públicas, sino, también las prejubilaciones millonarias, que son un insulto para miles de personas que lo pasan mal.
¿Cuándo los bancos concederán crédito?
Son inadmisibles las ayudas a la carta a los bancos con dinero público sin que se abra el grifo del crédito.
¿Por qué no presentan ya los presupuestos?
En lugar de medidas que se suceden cada viernes en el Consejo de Ministros, lo que el país necesita, y Europa lo exige a las claras, es contar cuanto antes con unos Presupuestos Generales del Estado.