Detenida una pareja que dejaba consumir la droga que vendían en su propia casa

Alejandro M. M. y su mujer, Francisca M. F., daban a los consumidores todo tipo de facilidades para que la Policía no les quitara su dosis de droga. Por ello, permitían a los drogadictos consumir su ración diaria de cocaína o heroína en su propio domicilio del barrio de Antonio Díaz. Los investigadores consideran que esta pareja regentaba un 'supermercado' con todo tipo de estupefacientes.

    21 jun 2012 / 10:03 H.

     Consumidores con los nervios a flor de piel en busca de su dosis y “camellos” que vigilan con mil ojos para que los del coche patrulla no les echen abajo el negocio. Jeringuillas arrojadas en cualquier rincón, vecinos asustados por las peleas y los robos y la Policía que juega al ratón y al gato. Ese es el pan nuestro de cada día en Antonio Díaz, el barrio más “caliente” de la capital cuando se habla de drogas. La situación había empeorado en los últimos meses y la Comisaría ha puesto remedio con una redada que ha desmantelado un “punto negro” de venta “al menudeo” de todo tipo de sustancias estupefacientes. Tal y como adelantó JAEN en su edición de ayer, han sido detenidas dos personas, Alejandro M. M. y Francisco M. F., de 46 y 39 años, y con varios arrestos a sus espaldas por tráfico de droga. Según la Policía, estaban de nuevo en el negocio. Heroína, cocaína, marihuana... De todo.
    La Policía comenzó a cercarlos el pasado mes de enero, cuando se detectó un aumento de consumidores que acudían al barrio en busca de su dosis y que la consumían en plena calle. La Comisaría puso en marcha un amplio dispositivo con el objetivo de encontrar al vendedor. Durante meses, identificó a decenas de toxicómanos. A algunos les decomisó una sustancia altamente peligrosa, una mezcla de cocaína y heroína de bajísima calidad. Cuando la presión policial apretó, los “camellos” urdieron una estrategia para no quedarse sin clientes. Dejaban que los consumidores se “colocaran” en su propia casa, lejos de los ojos indiscretos de la Policía. Además, Alejandro y Francisca adoptaban medidas de seguridad. Con familiares y conocidos, controlaban a cualquier vehículo o persona que entraba en Antonio Díaz.
    Rafael Abolafia / Jaén
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