Crimen del Hospital.-La familia teme que el homicidio de Antonio Estepa quede impune

Enrique Alonso /Jaén
La familia de Antonio Estepa Quesada intenta ahora recuperarse de otro duro golpe. Su sufrimiento empezó el 11 de marzo cuando la Policía le comunicó que Antonio no había acudido esa noche a dormir a su domicilio porque estaba muerto en unos jardines del Hospital. Desde entonces, no ha parado. Ahora, le llega otro revés. El único encarcelado por esta muerte ya se encuentra en libertad.

    20 jul 2011 / 08:46 H.


    El único encarcelado por el crimen del Hospital, Mohamed N., ya está fuera de la prisión. El Juzgado de Instrucción y Primera Instancia número 4 de Jaén ordenó su puesta en libertad atendiendo a otro recurso de la defensa, en el que se explicaba que, después de las pruebas de ADN, no había pruebas determinantes para mantener la prisión provisional. Sin embargo, esta noticia ha sido un auténtico revés para la familia de la víctima, Antonio Estepa Quesada. “Estamos destrozados por su ausencia y solo pedimos que se haga justicia, pero nos tienen que ayudar. Queremos que se investigue más para que este crimen no acabe impune”, dicen sus seis hermanos y sus padres, que se reunieron en la casa en la que residía la víctima para atender a Diario JAEN.
    La familia da detalles de lo que ocurrió ese día. Ver el cuerpo fue un auténtico mal trago. Cuando lo hicieron, sus hermanas salieron convencidas de que a Antonio Estepa le dieron una paliza y, luego, lo mataron. Incluso, son capaces de describir los hematomas y heridas que tenía. La víctima no era un hombre débil. Más bien, se puede catalogar como una persona alta y fuerte, por lo que, además, apuntan a que podría haber más de una persona implicada. Sin embargo, sus caras muestran ahora una terrible desolación. Ven que el único encarcelado por el crimen está en la calle y no quieren ni pensar que llegue el juicio y pase lo mismo. De esta manera, el crimen quedaría impune o, dicho de otro modo, como si no hubiera pasado si no fuera porque tienen a Antonio en el cementerio, que dejó dos hijos —Sergio, de 17 años, y Rebeca, de 11— que lo echan de menos y a una familia destrozada. Reclaman que se investigue más. La familia está convencida de que los que pasaron las últimas horas con Antonio Estepa —hay nueve personas en las diligencias, entre ellas, Raúl García Rubio, que falleció después de, supuestamente, matar a Ángela Jiménez durante la pasada semana— saben más de lo que han contado. Su madre, Capilla Quesada, afirma que recibió, hace tiempo, una llamada de un amigo cercano de Antonio Estepa. Entonces, aún estaba vivo, pero ya le dijo que a su hijo le podría pasar algo porque había personas que él consideraba cercanas y no eran buenas compañías.
    Antonio Estepa cuidó a su padre la noche antes de su muerte. Luego, fue a su domicilio —en La Magdalena—. Allí se aseó y le dijo a su hermana Ángeles, según explica esta misma, que iba a comprarse unos pantalones. Nunca más volvió. La última vez que se le vio con vida fue en un pub de Ejército Español. Luego, salió en dirección a su casa y lo mataron —es lo que certifica la propia autopsia— de un golpe con una piedra en la cabeza. Tenía señales propias de una pelea, según confirma la investigación e, incluso, la familia después de ver el cuerpo. Mohamed N. es el único que ha pisado la cárcel por este hecho. Fue el que avisó a los vigilantes del Hospital, que localizaron el cuerpo en los jardines. Antonio tenía señales propias de una pelea. En cambio, Mohamed N., no. Sin embargo, incurrió en contradicciones y la Policía tiene indicios concluyentes, que lo han tenido desde el 13 de marzo en prisión. Ya está en libertad, aunque con cargos.
    La familia no sabe quién mató a Antonio. Se fía de la investigación, pero tampoco señala directamente a Mohamed. Le parece raro que lo matara y no huyera, y que tampoco tuviera señal o mancha alguna. Sus padres y hermanos están desesperados. No son expertos en tribunales y tampoco tienen medios para contar con un gabinete jurídico que tire del caso. “Queremos que nos ayuden para que se investigue más y que se interrogue a todo el que lo vio. Lloramos la muerte de mi hermano. Ahora, penamos por su ausencia, pero no queremos también sufrir al ver que su muerte no tiene culpable”, concluyen.