Conciencias apagadas

Hace unos días, me invitaron a un encuentro literario con los niños del campamento urbano de Alcaudete. Entre otras actividades, leímos un cuento de Gianni Rodari, “La aventura del televisor”. En esta historia, el protagonista observa asombrado como su casa se va llenando de gente. Primero es la locutora del telediario la que se sienta en su sofá, después aparece un bandido, un general en guerra y así sucesivamente hasta ver inundado su salón con todas las personas que ese día protagonizaban las noticias televisivas.

    12 ago 2014 / 22:00 H.

    La peculiaridad de este cuento es que ofrece a los niños tres finales distintos. En uno de ellos la policía aparece y detiene a todos los intrusos, en otro, el protagonista apaga el televisor y todos desaparecen y, en el tercero, el dueño de la casa comprende que desconectar la televisión no es la solución que, por mucho que él esté cómodo y feliz en su casa, ahí fuera hay un mundo lleno de personas que sufren y tienen necesidades. Los niños votaron en su gran mayoría por este final, por esta opción solidaria. Nosotros, que no somos criaturas inocentes, preferimos llamar a la guardia civil para que nos proteja de esas hordas de inmigrantes que acechan en nuestras fronteras africanas. Apagamos la televisión cuando el presentador se pone muy pesado recontando víctimas en Gaza o cuando las imágenes de cadáveres mutilados hieren nuestra sensibilidad. Y no sabemos qué responder a un niño palestino que nos pregunta, al otro lado de la pantalla, por qué se ha quedado sin casa, sin tíos, sin primos, sin padres... Esta desidia se acrecienta en vacaciones, nos refugiamos en nuestros paraísos particulares y tratamos de alejarnos de aquello que nos disgusta, nos molesta o nos produce inquietud. Somos humanos, podría alegar en nuestra defensa, y hablo en primera persona porque yo no me considero una excepción, más bien soy como el médico que le dice al paciente que deje de fumar cuando él mismo tiene un paquete de tabaco sobre la mesa. Deberíamos ser más humanos, y mostrarnos solidarios con nuestros congéneres. En verano, no apaguemos nuestras conciencias.