Concienciación sobre el autismo.- 'Si antes sonreía, si miraba a los ojos, si hablaba, deja de hacerlo'

Antonio Heras /Jaén
Eloy es el segundo de cuatro hermanos. Se parecen mucho por fuera pero, por dentro, él es especial. A partir de los dos años su comportamiento inquietó a sus padres, y el diagnóstico médico confirmó su intranquilidad: padecía autismo. Seis años después, la familia pide más ayudas y, sobre todo, concienciación social.

    02 abr 2012 / 10:01 H.


    María Antonia Bueno, Marian para los amigos, y José Carlos Pérez forman una pareja como cualquier otra. Familia numerosa, además, porque ya tienen cuatro hijos, y residentes en la capital desde hace seis años. Antes vivían en Marbella (Málaga), ciudad en que se crió Marian, pero un giro inesperado del destino los obligó a mudarse a Jaén, de donde es oriundo José Carlos.
    La razón del cambio se llama Eloy, un nombre derivado del latín que significa “el elegido”. Es el segundo hijo de la pareja y, cuando contaba con dos años de edad, se le diagnosticó autismo.
    Su madre relata los síntomas que notaron en Eloy: “El niño para su desarrollo, pierde facultades. Si antes miraba a los ojos, deja de mirar a los ojos; si antes sonreía, deja de sonreír; si decía algunas palabras, deja de hablar”. Incluso los juegos perdieron el interés para el pequeño, que comenzó a “abstraerse e hiperactivarse”, a “moverse mucho”.
    Contaban, además, con una referencia sólida para darse cuenta de que algo no iba del todo bien: tenían otro hijo de una edad muy similar, el primero, así que ya no eran primerizos y se cercioraron de que el crecimiento de Eloy era muy diferente.
    Una vez detectado y diagnosticado el trastorno, lo importante era comenzar a tratarlo cuanto antes. Sin embargo, los padres no encontraron un centro especializado en Marbella que pudiera atender de una manera eficaz a su vástago. “Había que ir a Málaga”, lamenta Marian. Por tanto, decidieron trasladarse hasta Jaén, donde la asociación “Juan Martos Pérez” se dedica, en el ámbito provincial, a la atención del autismo, de sus afectados y, también, de sus familiares.
    En la sede de la capital, Eloy recibe tratamiento desde hace seis años. Pero las terapias proporcionadas por los especialistas de la asociación no son el único estímulo positivo para el menor. “Tiene la suerte de tener a sus hermanos y de contar con una capacidad de imitación muy desarrollada, con lo que así aprende y se relaciona bien”, explica la madre. “Excepto cuando, simplemente, no quiere”, añade.
    Hoy, Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, padres como María Antonia y José Carlos quieren dejar dos ideas claras. La primera: “Lo que falta son más ayudas”, subraya Bueno. Pero también echan en falta más sensibilidad social hacia los afectados. “Los niños tienen aspecto normal pero no actúan igual, y la gente se les queda mirando por la calle”, dice la progenitora de Eloy. Una breve mirada puede hacer mucho daño, aunque ellos, afirma, ya están “curados de espanto”.
    El último de los cuatro hijos de la pareja nació en Jaén y su nombre lo decidieron sus propios hermanos. Se llama Lucas, que en  griego significa “el que ilumina”.