Casi tres de cada diez jiennenses no quisieron votar en los comicios
Ojo, que hay más gente que no quiere votar. Jaén registró la participación más elevada de Andalucía, pero eso no esconde que la abstención subió 'como la espuma' el pasado domingo. Si existen más jiennenses que no acuden a votar, es un indicio de que algo falla. Sin duda, un gran toque de atención.
Más allá de colores políticos, de vencedores y vencidos y de posibles pactos parlamentarios, las urnas dejan un mensaje claro. Casi tres de cada diez jiennenses no quisieron votar, lo que nunca se ha de interpretar en clave electoral, sino desde el punto de vista del propio funcionamiento del sistema democrático y del interés que despiertan las opciones políticas en las urnas. La participación se sitúa en el 70,74%. Si se tiene en cuenta que la media en Andalucía fue del 62,23%, incluso parece un buen porcentaje. No obstante, esto solo refleja una evidencia, que es que a los jiennenses les gusta votar. La provincia vuelve a contar con la mayor participación de la comunidad. Además, esto no es nuevo. De hecho, también ocurrió en otras citas electorales.
Sin embargo, hace cuatro años, el 78% de los jiennenses mayores de 18 años acudió a las urnas, lo que representa un incremento de la abstención de 8 puntos. De ahí que los partidos políticos deberían de analizar qué ha fallado para que el 8% de la población que votó hace cuatro años, ahora, se haya quedado en su casa y no haya dado su opinión en las urnas. En cambio, si se compara con la cita de 2004, aún es peor, ya que entonces la participación llegó al 80%.
Las elecciones al Parlamento de Andalucía del pasado domingo dejan una cifra de abstención alta. La participación es la segunda más baja de la historia de los comicios autonómicos en la provincia. Solo en 1990 fue peor, con el 65%. Los jiennenses han tenido tres elecciones en diez meses —Municipales, Generales y Autonómicas—, existe una bajada de la confianza en la clase política, hay dudas sobre la renovación de los partidos y una situación complicada en la economía que afecta a las familias. Quizás, estas puedan ser algunas hipótesis de partida para resolver este enigma: ¿Por qué fueron menos jiennenses a votar? Enrique Alonso /Jaén
Análisis.-Muchos quizá, una evidencia, por Juan Espejo
Quizá Izquierda Unida no arrope, como en Extremadura, la investidura del PP en Andalucía. Quizá tenga que dimitir Javier Arenas tras saborear la miel y la hiel de una amarga victoria. Quizá también todos digamos que Andalucía no es Extremadura ni alguien que lleva a su partido al primer triunfo en un sempiterno granero socialista debería plantearse siquiera la palabra huida. Futuribles más o menos certeros que quedan al abrigo de la meditación pública y colectiva o personal e intransferible, pero que se sabrán tan solo con dejar pasar los días. Lo que no tiene quizá ninguno es que hay un perdedor muy contento, un presidente en funciones que se ve de nuevo presidente y un partido al que la derrota le sabe a gloria; obviamente porque ha sido una derrota menor de la cacareada por las encuestas. Y, especialmente, porque acertó de pleno al separar las autonómicas de las generales.
En apariencia, el 25-M nos deja más o menos igual en Andalucía, una lectura tan simplista como de largo recorrido será el debate entre las izquierdas andaluzas para, primero, la hipotética investidura de Griñán y, luego, la composición de un futurible Gobierno entre PSOE e IU. Quizá, y volvemos al futurible, que en política es casi siempre papel mojado, esa sea la meta por la incontestable fortaleza de IU tras las autonómicas del domingo, que Valderas apoye a Griñán y también que forme parte activa de su Gobierno. Todo se andará, y se hablará, que la novena legislatura es de un cambio trascendente aunque a tan pocas horas de la jornada electoral no se aprecie por la dureza que supone para un candidato no arañar una aplastante victoria en las mejores condiciones posibles, por el aliento de Madrid y por los vomitivos falsos EREs. Después de que Arenas y su equipo digieran haberse quedado tan lejos de la mayoría absoluta, llegará a nuestros ojos, clarividente, un tiempo nuevo. Es el tiempo de la renovación en el PSOE, que hizo el tránsito Chaves-Griñán en Semana Santa y sin conocimiento de sus propias bases. Será la prórroga para los socialistas de acercarse de nuevo al ciudadano, del que tan lejos han estado algunos pocos de sus dirigentes, tan apegados al Poder y a los coches oficiales, como al medramiento y la falta de principios. Y, significadamente, es la hora de Izquierda Unida, garante, por decisión expresa de los ciudadanos andaluces, de una política verdadera de izquierdas en la única comunidad que no estaba en manos del partido que Gobierna la nación —en Cataluña y el País Vasco apoyan al Ejecutivo—. Esa es la evidencia del 25-M, que ya nada será igual, aunque les pese a aquellos socialistas que con el estómago respiraban aliviados el domingo olvidándose de que han perdido 9 diputados.
Postdata: Casi un 38 por ciento de abstención, 10 puntos más que en las autonómicas de 2008. ¡Está fallando la democracia participativa!