27 meses de alegrías y desvelos
Irene Bueno /Jaén
Vídeo.-Cintia es una niña despierta, alegre, cariñosa, rebosa energía. Es un torbellino que ha cambiado la vida de sus padres en los últimos veintisiete meses. Manuela y Francisco se han acostumbrado a convivir con peluches y cocinitas por doquier y han tenido que hacer un 'curso intensivo' de personajes de dibujos infantiles.
Irene Bueno /JaénVídeo.-Cintia es una niña despierta, alegre, cariñosa, rebosa energía. Es un torbellino que ha cambiado la vida de sus padres en los últimos veintisiete meses. Manuela y Francisco se han acostumbrado a convivir con peluches y cocinitas por doquier y han tenido que hacer un 'curso intensivo' de personajes de dibujos infantiles.
A Manuela Cañas y Francisco Cruz no les dio tiempo a hacerse a la idea de que iban a ser padres con todo lo que ello conlleva. Cintia llegó sin que nadie lo supiera, es más, sin que nadie advirtiera, durante nueve meses, que venía de camino. Este matrimonio de Villargordo llevaba más de veinte años casado y se había “resignado” a quedarse sin descendencia.
Dicen que a quien Dios no le da hijos, el demonio le da sobrinos y, por ello, Francisco y Manuela criaron casi como propia a la prole de sus hermanos y hermanas, una extensa familia con alrededor de una treintena de sobrinos. Estaban ya en la segunda fase, la de aportar su grano de arena en el cuidado de la nueva generación —los hijos de sus sobrinos— cuando llegó la pequeña Cintia. Aseguran que, en este tiempo, la vida les ha cambiado como de la noche al día. Manuela explica: “Es extraño ser primerizos en algo como la paternidad ya con nuestros años. Al principio, Cintia era muy buena, pero luego llegaron algunas malas noches, la época de comenzar a andar y de querer cogerlo todo y, ahora, estamos en un momento en el que no quiere comer casi de nada. Tratas de abordar cada circunstancia con normalidad, pero es imposible que no nos preocupemos”.
Ellos aprenden cada día conforme Cintia demanda su atención. “En ocasiones nos quedamos asombrados de las preguntas que nos hace o de las expresiones que dice. A pesar de tener veintisiete meses, el hecho de estar rodeada de personas mayores, hace que esté muy adelantada”, apunta la madre. Cintia corretea por la casa, coge su unicornio de peluche, luego señala unos muñecos que hay en el mueble de la salita de una serie de televisión, no descansa y eso llega a agotar a unos progenitores que ya no tienen tantas energías, especialmente, después de una larga jornada de trabajo en el campo. Francisco la mira embelesado; a veces, le gustaría que el tiempo se parara. “Los meses pasan muy deprisa. Ella va camino ya de los tres años, en septiembre irá al colegio y yo tengo ya cincuenta y dos”.
Si bien, Cintia prefiere no tocar el asunto del colegio. Su-braya, muy firme, que no quiere ir y es que, aunque cada día es más autónoma, le cuesta un gran trabajo despegarse de sus padres. Habrá que comprobar, el próximo septiembre, quién lo pasa peor con la separación: si la pequeña o sus progenitores.
Sorpresa con mayúsculas
La llegada al mundo de la pequeña Cintia Cruz Cañas fue una sorpresa con mayúsculas. Sus padres, Francisco y Manuela, llevaban más de veinte años casados y ya habían perdido toda esperanza de aumentar la familia. A sus 46 años, Manuela pensó que la retirada de la menstruación se debía al comienzo de la menopausia. Sin embargo, alertada por el aumento del vientre, acudió al médico. Su gestación era ya de 39 semanas y el parto se presentaba de forma inminente. Manuela ingresó el lunes 19 de octubre de 2009 en el Maternal y Cintia nació el jueves, día 22.