Un artista de la piedra que vendía gaseosas

07 ene 2016 / 08:00 H.

En estos días en los que Baeza se llena de turistas, viene a la memoria uno de los mejores embajadores de la ciudad, Diego Lozano Jiménez, conocido popularmente por todos como “Padre Sifón”, que falleció hace ya cinco años y que, desde su taller y sala de exposiciones, casi en la esquina del conocido Arco del Barbudo, mostraba sus trabajos con la piedra. La Catedral de Sevilla, la Puerta de Alcalá de Madrid y los principales monumentos de su pueblo, donde se enseñorean fachadas como las del Palacio de Jabalquinto, la iglesia de Santa Cruz, su seo o perfiles como el de la Fuente de Santa María. La fábrica dedicada a estas pequeñas obras de arte en piedra la instaló en su antiguo negocio de gaseosas. De ahí que fuera conocido con el cariñoso nombre de “Padre Sifón”, un mote que se le atribuye a la invención del que fuera obispo de Jaén, Miguel Peinado, que le recordó así su condición de fabricante y vendedor de sifones y bebidas con espuma, una actividad que heredó de sus antepasados y cuya maquinaria conservaba en la trastienda de su taller. Junto a la Capilla de San Juan Evangelista y en el paso de los estudiantes hacia el instituto Santísima Trinidad, este baezano vivió y creó en un lugar estratégico y entrañable del casco urbano de la bella ciudad renacentista. Su legado todavía puede visitarse, ya que está incluido entre los museos baezanos. Su obra no la traspasó. Se quedó como legado para sus paisanos y para todos aquellos turistas que se acercan al centro. Su pérdida todavía es recordada tanto entre aquellos que conocen Baeza por visitarla de cuando en cuando, como por los habitantes del municipio, que, durante muchos años, tuvieron la oportunidad de verlo, casi a diario, afanado en su taller o escuchando de su boca las explicaciones de cómo había sido capaz de dar forma a toda su colección de monumentos.