“Fue un hombre en el pleno sentido del término y de una gran talla humana”
Julián Hermoso Siles nació el 7 enero de 1925 en Pegalajar y falleció el 23 abril de 2016. Mi padre era hijo de Pedro Hermoso Molina, un agricultor de Pegalajar y Amadora Siles Ruiz, ama de casa, que quisieron darle estudios en una época en la que muy poca gente podía estudiar.
Era un buen estudiante, pero cuando estalló la Guerra Civil él solo tenía 11 años, no pudo seguir estudiando y perdió de Bachiller los tres años que duró la contienda española, por lo que luego decidió estudiar dos cursos por año para recuperar el tiempo perdido, llegando a terminarlo con la edad que le hubiera correspondido sin la guerra de por medio.
Después de acabar el Bachiller se fue a Madrid, donde cursó la carrera de Medicina. Allí conoció a la que luego sería su esposa, mi madre, que vivía en Madrid. Mi abuelo materno, que era médico militar y tenía mucho prestigio en el Ejército en la capital de España, lo animó a estudiar esa carrera. Entonces mi padre ingresó en la Academia y se hizo médico militar.
Su primer destino fue en las plazas españolas del norte de África. Allí ejerció durante unos años hasta que, en 1958, fue destinado a Granada, donde pasó el resto de su vida activa como asistente médico personal del capitán general, hasta 1978, en que se jubiló. En realidad fue una prejubilación porque lo habían destinado a Madrid y él no quería perder su relación tanto con su pueblo, Pegalajar, como con Granada. A partir de ese año, deja, la carrera militar y ejerció como médico de la Seguridad Social en Granada.
La relación con su pueblo fue en todo momento muy fluida, ya que para él era una de sus prioridades. Siempre hizo todo lo que estaba en su mano por Pegalajar y por sus vecinos, como médico y como militar. Ayudó a muchos jóvenes a hacer el servicio militar en un destino cercano o a que no fueran a África. El reflejo de esa pasión por sus gentes se pudo ver durante su entierro, ya que acudió muchísima gente que le tenía gran aprecio. Él vivía en la calle Ancha de Gracia de Granada y siempre estuvo a caballo entre su profesión y su otra gran pasión, que era el campo. El campo le daba la vida. Tenía una finca en La Cerradura, hasta que por motivos de la edad fue viniendo cada vez menos ya que los desplazamientos lo agotaban. La última vez que vino fue la pasada Navidad. Tenía cuatro hijos varones. Uno de ellos falleció con 33 años. Le hemos dado 10 nietos y 9 biznietos. En mi padre destacaba su aspecto humano. Fue una persona humilde, un ser extraordinario que siempre trató de pasar desapercibido. Era una persona afable y accesible a todo el mundo. En su entierro, uno de los que lo conocieron, me dijo: “Pedro, tu padre sí que ha sido un hombre”. Eso era lo que lo definía. Fue un hombre en el pleno sentido del término. Un hombre de palabra, serio, amable y una gran persona. Eso se pudo ver en la gran cantidad de gente que acudió a su entierro y desde aquí quiero expresarles a todos nuestro agradecimiento, de parte de toda la familia. Gracias, muchas gracias.