Setas divinas y mágicas

Sierra de Segura con “Marchas de Pompa y Circunstancia: Tierra de esperanza y gloria”, de Edward Elgar

30 nov 2025 / 11:53 H.

El otoño, por sus condiciones de humedad y temperatura, fija la temporada de las setas. Pueblan en octubre y noviembre, preferentemente, las tierras de la Sierra de Segura, en aquellos parajes que bien conocen los del lugar y sus manos expertas para escoger las que pueden comerse. Deben abstenerse los profanos e inexpertos.

Se internan por la arboleda o escudriñan la maleza y el matorral como druidas en busca de remedios para sanar o de manjares para echar a la marmita. Son versátiles y, por ello, muy codiciadas. Hay miles de variedades y sólo algunas se pueden comer. Son aquellas que honran con sus sabores, sus propiedades saludables y vitaminosas, los fogones caseros con recetas tradicionales en guisos, sopas, arroces o multitud de salteados, donde no han de faltar los huevos y el buen aceite.

Su búsqueda, además del rédito asegurado de una gran comida, es un cúmulo de sorpresas en cada descubrimiento, por sus formas de arquitectura mínima que siempre juega con la curva y las esferas. Buen calzado, ropa de abrigo, navajita bien afilada para cortarlas bien y no dañar el micelio, cesta de mimbre y el bosque en todo su esplendor.

Siempre se las asocia a la mitología del bosque y sus ciclos, por su simbolismo y por sus propiedades gastronómicas. En culturas antiguas, por sus poderes que en algunos casos trascendían el de los sentidos naturales. Los egipcios las vinculaban a la inmortalidad. Sólo las podían comer los faraones. Y en los pueblos del sur de América consideraban que eran un regalo de los dioses. Divinas y, además, mágicas. En estos pagos segureños que visitamos, sobra y basta su exquisitez.