Mágica y terrenal semilla poética
El escritor Guillermo Fernández Rojano presenta su trilogía Tierra con música y muchos amigos
Fue el germen de este libro, la semilla de Tierra, el que arrancó el “yo” de su poesía para dejar que ella hablara a través de él. “Es una obra en la que yo soy simplemente una cristalización azarosa”, confesó Guillermo Fernández Rojano en la presentación de su nueva trilogía, la que llega siete años después de su última publicación. Todo un punto de inflexión en la creación de este autor, uno de los poetas más respetados y queridos de la provincia.
Tierra, poesía arraigada a lo humano y terrenal, sin misticismos, fue la que trajo a este “serrano que se prodiga poco por aquí”— según el también poeta Paco Salas y conductor del acto—, hasta Jaén y se encontró el salón de actos del Antiguo Casino de Artesanos lleno de amigos y aficionados a la literatura. Tenían por delante una tarde con la poesía y la música, de mano de Ad Libitum, como lazos para “compartir”, precisamente, lo que empuja a este autor a publicar sus poemas. Como mejor previa, un audiovisual creado por Lara Fernández, hija del autor, abrió el acto.
Minutos después, antes de entrar en los terrenos de la poesía, Antonio Lozano, presidente de la Asociación de Vecinos Arco del Consuelo, tomó la palabra para recordar a Pepe Román y su último encargo, el de seguir haciendo cultura: “Siempre nos tuvo su mano tendida, nos ha ayudado mucho, nos ha enseñado mucho”. Fue esta cita un homenaje sentido de sus grandes amigos poetas.
Esta presentación de “tres libros en uno”, como dijo Paco Salas, la hicieron mano a mano los también poetas y críticos Juan Manuel Molina Damiani y Yolanda Ortiz, a preguntas de Salas. Pero antes fue Guillermo Fernández Tejeda, editor del libro, el que dedicó unas palabras al autor y la obra.
Molina Damiani defendió que Fernández Rojano entrega en este libro un “exceso de poesía, en el sentido más estricto del término, no solo como lenguaje poético”, sino de todo aquello en lo que este lenguaje “excava”, la condición humana. Yolanda Ortiz, por su parte, lo primero que hizo fue aconsejar que se lea este libro: “La palabra no es que se disfrute, pero sí es un gozo ético y estético”. Destacó la “intensidad de lo mínimo” de Manicomio de Dios, el primero de los libros de la trilogía —que completan Así en la tierra y Tierra—. “Él no se maneja en lo abstracto, sino en lo material, hace su poesía tangible al lector”, resaltó. Esta poesía terrenal en la que su “sierra”, de Segura, aparece como un espacio mítico, detalló la profesora. Y Fernández Rojano lo reconoció sin vacilación: “La forma de ser de la sierra es muy surrealista, mágica, podría contar cosas que superarían las historias de García Márquez”.