Julio Millán: “Hemos aprendido a querer y a dar lo mejor de nosotros porque queriendo también somos queridos”

Presentación de “Zurcir el corazón”, una compilación de artículos sobre la vida y el evangelio, del que es autor el presidente de Edad Dorada-Mensajeros de la Paz Andalucía, “institución con alma” que cumple 25 años

09 abr 2026 / 16:41 H.
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LA ENTREVISTA

El Salón Guadalquivir de la Institución Ferial de Jaén (Ifeja) acoge mañana viernes la presentación de “Zurcir el corazón”, un libro que compila artículos de lo más variopintos en su temática, pero bajo la óptica de Julio Millán Medina, que hace balance del 25 Aniversario de Edad Dorada-Mensajeros de la Paz Andalucía en una entrevista personal y, sobre todo, muy humana. Así resume la filosofía de la asociación: “Hemos aprendido a querer y a dar lo mejor de nosotros porque sabemos que queriendo también somos queridos. Tenemos que querer y dejarnos querer, ese es el eslogan y la filosofía: querer y dejarse querer”. Y así se explica, quizás, que sea alguien con amigos de medio mundo que compartirán el brindis por las bodas de plata de “una institución con alma”, la de Julio y la de todos los que caminan a su lado. Mañana viernes, a las 20:00 horas, en la Institución Ferial.

—Edad Dorada-Mensajeros de la Paz Andalucía celebra su 25 Aniversario. ¿Qué balance hace?

—Infinitamente positivo. Hemos crecido mucho en Andalucía, donde presentamos un modelo claro de cómo hay que trabajar en una residencia. Insistimos muchísimo en eso porque las residencias son un lugar donde se da cuidado, donde se mima, se quiere y se trata con ternura, mucho más que un tren de lavado donde los abuelos comen y se lavan todos los días. La residencia es cariño y abrazo.

—Se habla mucho de humanizar.

—Exacto. La gente reconoce lo que hacemos y hemos conseguido abrirnos un hueco en la sociedad. Las residencias que gestionamos están siempre llenas y con listas de espera, y eso se debe a que hay un trabajo muy bonito que llena a la gente, a la familia y a los mayores.

—¿Cuántos centros residenciales gestiona la asociación?

—En Andalucía tenemos trece recursos: ocho residencias, tres centros de día, un piso tutelado y una residencia, estos últimos para personas con discapacidad.

—Si le pregunto por el momento más difícil de estos 25 años...

—Los inicios fueron complicados. Costó trabajo. El año 2001 fue uno de los momentos más cruciales.

—¿El más gratificante es ahora?

—Creo que sí. Ahora colaboramos con proyectos en Latinoamérica y África, que necesitan mucho para salir adelante, y nos da la posibilidad de que las residencias sean solidarias con el mundo de los pobres.

—¿Qué le llevó a recopilar los artículos bajo un título tan sugerente como es “Zurcir el corazón”?

—Una recopilación de sentimientos, vivencias humanas y fe, donde pienso sobre todo en los mayores, en la soledad, en la cultura del cuidado, en los trabajadores del día a día, en la tierra, en la ecología, en la solidaridad y en el planeta. Hoy más que nunca hace mucha falta cuidarlo. Es un poco un tótum.

—¿Hay algún texto que sienta especialmente representativo del estado actual del mundo?

—Sí, hay algunos artículos en el libro que son muy representativos.

—¿Piensa alguno en particular?

—Por ejemplo... la cultura del cuidado es muy importante y hay buenos escritos sobre eso. Hoy tenemos muchísima gente mayor que arrinconamos en residencias y que, más que nunca, hay que querer y cuidar. La cultura del cuidado me preocupa mucho, al igual que una Iglesia que no responde a los tiempos actuales. Hay una serie de retos por delante que me preocupan como creyente y como hombre de Iglesia.

—¿Cuáles son esos retos?

—En el ámbito de la fe, reducir el radicalismo que nos tiene atados y trabajar en la línea de la sinodalidad, caminar juntos. Me preocupa la igualdad de la mujer y la dignidad en la sociedad y en la Iglesia, además del vaivén en lo político, como vivimos últimamente con Medio Oriente. Me preocupan unas pocas cosas, sentimientos que me cuesta un poco contar.

—En su trayectoria, Julio, ha combinado política, acción social, pensamiento... ¿Dónde ha estado más cómodo a la larga?

—Yo siempre estoy cómodo dando respuesta a mi fe e intentando ser coherente con ella en el día a día. Eso es lo único que pretendo.

—¿Cuesta mantenerse así?

—Cuando el tema social es preocupante sí. Arrinconar a las personas mayores cuando ya lo han dado todo y no son productivas no es de un mundo de solidaridad. Me preocupa eso y la ecología, la Madre Tierra me preocupa un montón.

—¿Eso es “Zurcir el corazón”?

—En el libro hay mucho sobre la encíclica de Francisco, toco muchos de sus temas. De hecho, hay como diez artículos dedicados a él.

—¿Cuántos son en total?

—En total habrá más de ochenta.

—¿Qué tiene el Papa Francisco?

—A mí me marcó mucho y fui un enamorado de él durante el tiempo que vivió. Fue un hombre que trajo la primavera a la Iglesia, abrió puertas y ventanas y nos pidió otro modelo. Eso me identificó mucho. En el libro hay mucho sobre el Papa Francisco, mucho, mucho.

—¿Cómo es ese modelo de Iglesia que impulsó Francisco?

—El de salir de la sacristía y de los templos. Salir a la calle para mezclarnos con la gente, ser más Evangelio que religión, puesto que al final la religión es rito y ceremonia y el Evangelio es vida, luz y camino. Él habló mucho de eso y decía que el clericalismo es un cáncer en la Iglesia, por eso puso en marcha la sinodalidad mundial de los cristianos, pero creo que se ha quedado todo en papel, sobre todo después de su muerte. Necesitamos retomar la Iglesia con las causas que el Papa Francisco proyectó.

—¿Cree que la sociedad está desconectada emocionalmente?

—Creo que no, lo que pasa es que el ser humano es así. Mientras más tenemos, más a gusto estamos y más nos olvidamos de los demás. Y eso es verdad, pero yo creo que seguimos siendo solidarios.

—Estará “rodeado de amigos”. ¿Qué importancia le da a las relaciones personales en su vida?

—Le doy muchísima. Son gente sin la que no sería nadie. Me rodea una red de gente muy bonita.

—Después de estos años, ¿qué le emociona como el primer día?

—A mí me sigue tocando el corazón la sonrisa de un niño y el rostro de un abuelo agradecido.

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