Jaén se rinde ante la voz flamenca de Miguel Poveda
El Infanta Leonor se llena para presenciar el espectáculo “El Árbol de la Alegría”
Ana Lechuga. La emoción, la tradición y la sensibilidad del flamenco se dieron la mano en el espectáculo que Miguel Poveda ofreció en Jaén con su gira “El Árbol de la Alegría”. Un concierto, celebrado en el Teatro Infanta Leonor, cargado de sentimiento y conexión con el público. Un recorrido musical donde el artista despliega toda su madurez artística, fusionando flamenco, copla y música popular en un directo cuidado al detalle, íntimo y profundamente emotivo. Un espectáculo pensado para disfrutar cada letra, silencio y matiz de una de las voces más reconocidas del panorama musical español.
El público de Jaén se volcó con una de las voces más excepcionales del flamenco contemporáneo, en un arranque de año que convierte el Infanta Leonor en la casa común para los amantes de la cultura. El público llegó con antelación, comentando no solo la expectación por escuchar los nuevos villancicos de Poveda, sino también la curiosidad por cómo sonará la Navidad flamenca concebida para teatros y no solo para plazas o zambombas populares.
El árbol de la alegría se presenta, más que como un simple repertorio de villancicos, como un abrazo sonoro que reúne el eco de las voces familiares, las sillas vacías que siguen ocupadas en el corazón y la chispa de esperanza que no se apaga. Buena parte de las composiciones están firmadas por el propio Poveda, que imprime su sello personal a cada tema, entrelazando raíz flamenca, copla y música popular con una sensibilidad contemporánea.
Desde los primeros compases se percibe el peso de la guitarra y los arreglos de Jesús Guerrero, responsable también de la producción del disco, que construye un armazón musical tan delicado como firme. El acompañamiento se mueve en una “coctelera” de lenguajes donde se cruzan lo tradicional y lo actual, con armonías cuidadas y dinámicas que permiten pasar del susurro al estallido sin perder el hilo narrativo.
Jaén, que acoge el concierto como una de las primeras grandes citas culturales del año, respondió con una entrega que se notó en cada silencio atento y en cada ovación larga a final de tema. El Infanta Leonor, con su aforo contenido y buena acústica, favorece un clima de cercanía donde no hay grandes distancias entre escenario y patio de butacas, algo que se ajusta bien al carácter íntimo de la propuesta.
La noche se cerró como una experiencia en la que tradición y contemporaneidad, flamenco y canción, celebración y memoria se unen, reforzando a Poveda como uno de los referentes de la música española.