Fernando Hernández “Koctel” presenta la exposición “Mundus Parodoxus” en Baeza
Toma como referencia la tradición pictórica flamenca del siglo XVI y en particular, la obra de Pieter Brueghel
LA ENTREVISTA
El artista granadino Fernando Hernández Arboleda, mejor conocido como Koctel llega a Baeza con la primera exposición que realiza en tierras andaluzas. En ella, toma como referencia la tradición pictórica flamenca del siglo XVI y en particular, la obra de Pieter Brueghel. A esta influencia se suma la huella de su experiencia en Asia. Dentro de ese repertorio visual, los cítricos ocupan un lugar destacado. La presencia de naranjas en lugar de ojos en sus personajes alude a sus raíces sevillanas y a una metáfora de la irritación visual provocada por la sobreexposición a imágenes y estímulos a través de las pantallas. Desde 2019 expone en galerías locales y europeas hasta que en 2021 da el salto al mercado internacional del arte habiendo expuesto en ferias como Art Miami, Art On Paper New York o Art central Hong Kong.
—Presenta “Mundus Parodoxus” en Renace Baeza, ¿qué encontrará el visitante al entrar en la galería?
—Es una exposición que hace un recorrido visual en el que se investiga y se profundiza en el medievo y la pintura flamenca del siglo XV ahondando en las obras de Peter Brueghel, que narraba escenas de la vida cotidiana pero con una crítica social moralizante narrando escenas de ese contexto histórico, y lo que yo hago es adaptar eso al momento actual. Me he inspirado en obras del artista para realizar este exposición y lo he conjugado con mi estilo artístico y mi repertorio de personajes que tienen mucha influencia del anime japonés. Todo adaptado a mi estilo y con una paleta de color muy característica en mis trabajos. Es un discurso narrativo en el que hay diversas obras que hablan de diferentes temáticas en un contexto actual.
—El título sugiere un juego de opuestos, ¿qué significa ese mundo paradojico?
—Es una mezcla de culturas, de zonas geográficas distantes y de una crítica social al momento actual en el que el ego forma parte de la vida cotidiana: cómo todo el mundo está encerrado en lo que arroja su teléfono móvil, cómo la tecnología está empezando visiblemente a perjudicar a los jóvenes, etc. En general es como coger un contexto medieval y un discurso que quiere hacer un crítica moralizante y hacerlo con cierta frescura, con una paleta de color más viva, en definitiva, llevada a un contexto actual.
—¿Hay una narrativa concreta o prefiere que el espectador construya su propio significado?
—La narrativa quiere llevar al espectador a hacerse preguntas, a identificar elementos paralelos a los de la época, un momento medieval en el que hay muchas similitudes con el momento presente. Aunque está inspirado en una obra que tiene 500 años de diferencia, hay muchas cosas que hoy en día no están pasadas de moda sino todo lo contrario, siguen siendo muy actuales y válidas para el momento de crisis social en el que vivimos.
— ¿Qué le gustaría que se llevase el público después de ver su obra?
—Yo suelo tener una forma de trabajar que transmite positivismo, porque uso una paleta de color muy viva, y eso es lo que quiero que se lleven, una sensación de alegría, aunque al mismo tiempo hay detrás una reflexión que tiene que ver con la crisis social actual y todo lo que rescato del discurso moralizante del medievo y actualizo. Es una dualidad en la que se pueden plantear preguntas, pero al mismo tiempo quiero transmitir ese buen rollo. También hay una serie de obras que se sitúan dentro de mi intimidad, y es todo ese proceso creativo: apuntes, reflexiones, bocetos...porque no sólo hay obra como tal, sino que también se pueden contemplar intimidades del artista.