Ni los pobres ni los muertos cuentan
En las poblaciones españolas, desde comienzos del siglo XIX hasta la II República, los concejos confeccionaban anualmente dos listas de vecinos. La primera incluía a los “Mayores Contribuyentes”; y la segunda, descaradamente manipulada por los componentes de la primera, pagando así favores y silencios, era la lista de “Pobres de Solemnidad”. Malditas listas que sirvieron durante casi dos décadas del siglo pasado para fusilar, encarcelar, premiar o exilar. Malditas listas de ricos y pobres, hechas arbitrariamente y que sembraron de odio y venganza nuestra tierra. El pecado del rico no es serlo, sino jactarse de que lo es; y el pecado del pobre es consentir que le roben su dignidad y sus sueños. Un periódico madrileño, con gran despliegue, ha contado quiénes son los 200 españoles más ricos. Cáritas trabaja estos días para dar a conocer su informe anual “Nombres sin rostro”. Si el número de ricos tiene tres cifras; el de pobres tiene siete. Al personal le importa un bledo la lista de ricos; lo que le solivianta es el aumento de pobres. Me gusta más la novela “Los muertos no se cuentan”, de Bartolomé Soler, que “ Un millón de muertos”, de Gironella.