Vestigios de un gran pasado
Restos arquitectónicos y la rica cultura minera marcan la historia local
Cástulo no solo es uno de los yacimientos arqueológicos de época íbero-romana de la provincia. En la zona también se encuentran los restos de un antiguo castillo que, hoy día, es uno de los últimos elementos que se mantienen de la importancia de esta ciudad que, finalmente, desapareció en la Edad Media. Esta fortaleza recibe el nombre de “Santa Eufemia”, la cual se construyó entre los siglos XI y XIII por los árabes que llegaron a Hisn Qastulona. Fue en esta época cuando la ciudad, inmersa en la decadencia, comenzó a experimentar un cierto renacimiento.
Los restos del Castillo de Santa Eufemia se reparte por la zona sur de la meseta. De ellos, destaca su torre islámica, cuyo fin era el control del territorio y la protección del propio asentamiento. Tras la conquista cristiana, fue reconvertida en la torre de homenaje de un pequeño castillo del que no fue muy extensa su vida. A finales de la Edad Media, la fortificación y el resto del poblado fueron abandonados y las ruinas cedidas como cantera.
Junto a esta, otra de las construcciones medievales que se conservan en Linares es el Castillo de la Tobaruela y ambas pueden conocerse con Ruta de los Castillos y las Batallas, de la Diputación Provincial. En este caso, el edificio fue realizado a finales de la Edad Media, la fortaleza reflejó el poder que alcanzaron algunos nobles. Hoy, el castillo mantiene su morfología original, aunque su interior sí ha sido modificado. Actualmente, no pueden visitarse las dependencias al ser de titularidad privada. Además, en pleno centro de la ciudad, cercanas a la iglesia de Santa María, también pueden verse restos de una de las seis torres almenadas que tenía el castillo de Linares. Esta, junto a un trozo de muralla, es lo único que se conserva de la antigua fortaleza.
Entre los vestigios históricos que se conservan en Linares, uno de los que más marcaron el territorio es la minería. Así, en la zona se puede encontrar un rico patrimonio compuesto por cambrias, chimeneas, fundiciones, lavaderos, centrales eléctricas... Además, la mayoría de pozos e instalaciones se están en el norte de la ciudad y, en las actualidad, se pueden visitar numerosas de estas ruinas a través de una red de senderos señalizados y de pequeño recorrido. Un paisaje cultura que, en definitiva, ilustra la evolución de la sociedad linarense.